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Medio ambiente
18 de noviembre de 2018
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Lunes, 25 de junio de 2018
Pau Mercè
Los escaladores convierten el Everest en el basurero más alto del mundo
Las toneladas de residuos que abandonan las numerosas expediciones se suma la basura antigua que el deshielo provocado por el cambio climático está sacando a la luz
Uno de los campamentos de aclimatación situados en la falda de la montaña / Foto: WMC Uno de los campamentos de aclimatación situados en la falda de la montaña / Foto: WMC

El vertedero más alto del mundo. En eso han convertido los miles de montañeros que cada año escalan, o lo intentan, o por lo menos se aproximan, al Everest, el pico de mayor altitud del planeta, con sus 8.848 metros. Cada año son más las expediciones comerciales que tratan de conquistar su cumbre, y cada vez se acumulan más residuos en sus laderas, especialmente alrededor de los diversos campamentos en los que finalizan las distintas etapas de descanso durante la ascensión.

El Everest se ha convertido en un gran negocio. Al menos 600 personas, que pagan miles de euros por cabeza para obtener los permisos, el equipo necesario y la asistencia de los montañeros locales sherpas, lo han escalado hasta la cumbre solo en lo que llevamos de año, y muchas más les han acompañado hasta alguna de las bases permanentes establecidas a distintas altitudes para facilitar la aclimatación.

En lo que llevamos del año han alcanzado la cima no menos de 600 personas

Nepal, en cuyo territorio está el acceso sur a la montaña, cobra un permiso de 11.000 dólares (9.456 euros) por escalador. A eso se suma la exigencia de contratar una empresa local para organizar el ascenso a un coste de 2.500 dólares por equipo, pagar un depósito retornable de 4.000 dólares y la obligación de que un funcionario se ocupe de la coordinación, lo que le cuesta 3.000 dólares más a cada expedición. En el lado norte, situado en el Tibet, China cobra 9.950 dólares por persona a los equipos de cuatro o más miembros. Si el equipo es más pequeño el precio sube a los 19.500 dólares por cabeza, pero el mismo incluye casi todos los gastos administrativos y logísticos.

Una de las principales razones de tanta basura tiene que ver con esa comercialización de la escalada al techo del mundo. Antiguamente, los escaladores profesionales cargaban con su propio equipo, generaban menos residuos y volvían con ellos al campamento base. Ahora, con la masificación de la escalada, miles de aspirantes a hollar el pico –cada día menos preparados y a la vez consumistas– se ven incapaces de cargar con sus enseres, que tienen que llevar sus sherpas, porteadores locales. Estos, sobrecargados, no pueden añadir a sus pesadas cargas la basura.

Excrementos humanos

El cambio climático está agravando el problema. Con el derretimiento de los glaciares y otras zonas de hielo permanente, está saliendo a la luz mucha más basura, la abandonada durante décadas por todas las expediciones que han ido escalando la montaña desde que Tenzing Norgay y Edmund Hillary lo consiguieran por primera vez en 1953. Capas y más capas de nieve helada la habían ido cubriendo, pero cada vez nieva menos y se deshiela más.

Restos de tiendas de campaña, bombonas de oxígeno vacías, equipos de escalada deteriorados, envases de comida y excrementos humanos, muchos excrementos humanos, invaden las faldas de la parte más elevada del Himalaya. ”Es repugnante, una monstruosidad”, afirma Pemba Dorje Sherpa, quien ha subido a la cumbre 18 veces y constata apesadumbrado que “la montaña está cubierta por toneladas de desechos”.

Muchos grupos prefieren pagar las sanciones o perder el depósito retornable

Aunque Nepal y China han intentado adoptar algunas medidas, las mismas se han revelado insuficientes. El citado depósito de casi 3.500 euros establecido por los nepalíes puede ser retenido si la expedición no recoge sus residuos y baja de nuevo con ellos, y los chinos imponen teóricas multas a los que no lo hacen. Pero esas expediciones que mueven tanto dinero suelen preferir perder el depósito o pagar las sanciones y dejar su basura en las alturas.

Diversos grupos ecologistas han expresado su preocupación de que la contaminación en el Everest esté afectando las fuentes de agua del valle. Las aguas residuales sin procesar del campamento base se llevan a la siguiente aldea, a más de una hora a pie, donde se vierten en zanjas o pozos negros ya tan sobrecargados que las lluvias los hacen rebosar. Un ingeniero estadounidense, Garry Porter, ha propuesto la instalación de una planta de biogás cerca del campamento base en la que las aguas residuales se convertirían en gas y fertilizante. Pero por ahora todavía es solamente un proyecto.

La empresa Asian Trekking ha impulsado durante la última década diversas Eco Everest Expeditions en las que se han recogido más de 18 toneladas de basura. El mes pasado, un equipo de limpieza de 30 personas recuperó 8,5 toneladas de desechos de la vertiente norte, informó la prensa china. A lo largo del año pasado, 2017, los escaladores que subieron desde Nepal y cumplieron con su obligación de bajar los residuos se llevaron casi 25 toneladas de materiales y 15 toneladas de desechos humanos, según el Comité de control de la contaminación de Sagarmatha (nombre nepalí de la montaña). Un ecosistema tan frágil como el de la zona no puede resistir nada semejante.
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