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Medio ambiente
25 de septiembre de 2017
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Jueves, 01 de junio de 2017
Roger Font
Icebergs en el desierto
Los Emiratos Árabes Unidos planean arrastrar bloques de hielo flotantes desde la Antártida para proveerse de agua dulce
Bloque de hielo flotando a la deriva en las costas de la Antártida / Foto: Robynm Bloque de hielo flotando a la deriva en las costas de la Antártida / Foto: Robynm
Es la última locura de un mundo sin mesura: arrastrar icebergs desde la Antártida hasta los Emiratos Árabes Unidos (EAU) para utilizar el agua pura y dulce almacenada durante miles de años en forma de hielo para proporcionar líquido de boca a los habitantes de los insostenibles proyectos desarrollistas del desértico petroestado del Golfo Pérsico.

El proyecto anunciado por la empresa Oficina Nacional de Asesoramiento (NAB, en sus siglas en inglés), que dice estar en condiciones de llevarlo a cabo tan pronto como en 2018, consiste en hacerse con un enorme bloque de hielo flotante en el archipiélago de las Heard, al norte del continente helado, y transportarlo tirando de él por mar hasta las costas de la península arábiga, donde lo que quedara de él sería fundido para almacenar y consumir el agua pura que lo formaba.

El témpano debería viajar 9.000 kilómetros hasta un lugar donde el agua está a 30 ºC

Ante las críticas que ponen en cuestión que un iceberg pueda resistir un viaje de más de 9.000 kilómetros, o plantean si las enormes pérdidas que sufriría por el camino harían sostenible y rentable una iniciativa de este calibre, sus promotores aseguran que al estar la mayor parte del hielo bajo la superficie, hasta en un 80%, la parte fundida durante el largo trayecto sería "mínima". Además, defienden que la parte emergida refleja los rayos solares, lo que limitaría también el deshielo o evaporación de la misma.

En su intento de defender la "sosteniblidad" del proyecto, las autoridades de los EAU, un país que ha construido en uno de los desiertos más secos y calurosos del globo pistas de esquí cubiertas, islas artificiales con inmensas urbanizaciones frente a la costa y los edificios más altos del mundo, mantienen que esta solución siempre será más respetuosa con el entorno que el uso de las actuales plantas desaladoras, que consumen enormes cantidades de energía y generan un problema ambiental con el vertido al mar de la salmuera que se obtiene al separar el agua del mal de la sal.

Los Emiratos Árabes Unidos tienen el consumo de agua per cápita más elevado del mundo, pese a que su territorio recibe apenas un promedio de 94 litros por metro cuadrado de lluvias al año. Las grandes reservas subterráneas almacenadas durante decenas de miles de años bajo las arenas del desierto, explotadas de forma intensiva, se agotarán en una década y media.

Calentamiento global

El director de la NAB, el ingeniero Abdulá Mohamed Sulaiman al-Shehi, afirmó que, con esta iniciativa, en ciudades como Dubai o Abu Dabi se podrá consumir "el agua más pura del mundo". Según sus estimaciones, un gran iceberg puede contener hasta 75.000 millones de litros de agua, el equivalente a 30.000 piscinas olímpicas. Con él se podría dar de beber a un millón de personas durante cinco años. Y su intención es transportar un bloque de hielo antártico al Golfo cada año. "El calentamiento global está creando cada vez más icebergs y esa agua se pierde en el mar", argumenta.

Además, aseguró, la presencia de los bloques de hielo podría contribuir a crear "microclimas" y atraer la lluvia en una de las regiones con menor cantidad de precipitaciones de todo el planeta. Al-Shehi es el padre de otras ideas como la de "declarar una gihad verde en el desierto" árabe que frenaría el avance del mismo mediante una gran barrera de vegetación dentro de la cual prosperarían granjas y explotaciones agrícolas irrigadas gracias al agua de los icebergs o la que, cargada de valiosos sedimentos y nutrientes, transportarían medio millar de kilómetros de canalizaciones submarinas desde el río Dasht, que discurre por el Pakistán –lo que bautizó como Proyecto ríos sin fin–

Otro proyecto pretende llevar agua en tuberías submarinas desde un río de Pakistán

A la hora de valorar la seriedad científica de la propuesta, sorprende que en los videos que recrean el procedimiento de la misma los icebergs arrastrados estén poblados por pingüinos y ¡osos polares!, animales estos últimos que no existen en la Antártida y solamente habitan, cada vez con mayores dificultades para sobrevivir debido a la reducción año tras año de las banquisas por culpa del calentamiento global, en el Ártico.

El plan para arrastrar icebergs antárticos prevé que se lleven hasta una instalación situada a 25 kilómetros de las costas del emirato de Fujairah –uno de los siete que forman la federación–, donde serían troceados y el líquido obtenido tras su derretimiento, almacenado en grandes tanques, tratado para su introducción en la red de agua potable del país. Expertos y ecologistas, que alertan del derroche energético que supondría un viaje de este tipo, han cuestionado que la parte final del proceso pueda ser viable, dado que las aguas de esta región del globo, por la que pasa buena parte del petróleo mundial, tienen una temperatura muy elevada, que puede alcanzar los 30 ºC, y advierten de las posibles consecuencias para los ecosistemas del Golfo Pérsico de la liberación en los mismos de enormes cantidades de agua fría.

Por otra parte, también podrían registrarse consecuencias ambientales en origen. Las autoridades australianas limitan en la actualidad el acceso a las islas Heard para proteger un ecosistema rico en aves, focas, pingüinos y peces que podría ver alterada su equilibrio por un tráfico marítimo inesperado.

La sociedad NAB tiene su sede en Masdar, el faraónico proyecto de ciudad presuntamente ecológica construida en los EAU. Debía estar terminada en 2015 y albergar a 50.000 personas y 1.500 empresas en su entramado de calles de estilo tradicional árabe diseñado para combatir las altas temperaturas de la zona sin el actual dispendio en aire acondicionado. Una desalinizadora accionada por energía solar y la mayor planta de hidrógeno del mundo aportarían los suministros básicos a esta urbe presupuestada en 15.000 millones de euros en cuya génesis interviene el equipo del arquitecto Norman Foster.

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