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Medio ambiente
19 de abril de 2018
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Viernes, 03 de junio de 2016
Alberto García
Icíar Bollaín: "Todavía no se ve el paisaje como algo que hay que cuidar"
La directora cinematográfica, que acaba de estrenar 'El olivo', un alegato contra el tráfico de ejemplares de esta especie de siglos de edad para usos ornamentales, cree que, aunque "gracias a la gente que lleva años haciendo activismo" ahora "hay más conciencia" de la necesidad de defender el medio ambiente, "todavía imperan demasiados intereses económicos, que se ponen por delante del interés común en preservar el patrimonio natural", un tema que ha querido abordar en sus últimas cintas
Icíar Bollaín
Icíar Bollaín
(Madrid, 1967). La última película de esta cineasta es El Olivo, un largometraje en el que narra una historia familiar a través de la venta de uno de estos árboles centenarios y hasta milenarios. Con una larga trayectoria que inició como actriz junto al director Víctor Erice en El sur y continuó detrás de la cámara en películas como Hola, ¿estás sola? (1995), Te doy mis ojos (2003) o También la lluvia (2010), en algunas de las cuales ya aparecía la preocupación por el medio ambiente, presenta ahora un relato sobre la lucha por mantener el legado de nuestros antepasados y pensar en el futuro de nuestro entorno
Desde También la lluvia hasta El Olivo, en sus películas se percibe una preocupación por el medio ambiente. ¿Cómo cree que se valora el capital natural en nuestro país?

Afortunadamente, hay mucha gente que lo defiende, que lleva años haciendo activismo en su defensa, y seguramente gracias a eso hay mayor conciencia en general. Pero todavía imperan demasiados intereses económicos, que se ponen por delante del interés común en preservar el patrimonio natural.

Casi siempre se presentan los recursos naturales (como el agua o los árboles) como algo monetario, a lo que se le puede sacar rentabilidad económica. ¿Somos una sociedad que sólo piensa en el corto plazo?

Creo que nuestras políticas económicas sí han sido muy cortoplacistas, y que el medio natural, el paisaje, no se ha visto como algo que nos pertenece a todos y por tanto hay que cuidar. Durante demasiado tiempo hemos basado la economía en los ladrillos y el sol, hasta dejar la costa, por ejemplo, totalmente alicatada... sin pensar en que esto nos tiene que durar mucho tiempo, y que deberían disfrutar de ello también las generaciones que vienen detrás de nosotros.

¿Influye en esta manera de actuar el consumismo, esta ansia de novedad continua en casas, ropa, coches...?

Creo que influye mucho la cultura, la idea de hacer dinero cuando hay posibilidad, de "no dejar escapar la ocasión"... No tenemos cultura de ser un país rico, sino más bien al contrario, de ser pobre y de aprovechar la oportunidad cuando se presenta...

En El Olivo no trata de juzgar entre buenos y malos. Presenta los argumentos a favor y en contra. ¿Comprende las razones de aquellos que se deshacen de un árbol centenario, como los hermanos de la película?

Sí, creo que esa es una virtud del guion de Paul [Laverty, su pareja]: no hay buenos y malos. Nada es tan simple: los hijos quieren su oportunidad de tener un negocio propio y dejar el trabajo en el campo. Es algo lícito. El problema es que para ello causan un daño irreparable al abuelo y encima la crisis les deja sin nada... Pero los hijos también son víctimas.

Otro de los conceptos que sobrevuela a lo largo de todo el metraje es el de olvido. ¿Qué opina de ese afán de dejar atrás el recuerdo de nuestros ancestros, nuestros símbolos, la enseñanza transmitida de generación en generación?

Hay un olvido contra el que están reclamando las asociaciones de memoria histórica, una reivindicación que me parece fundamental que no se ignore. La gente tiene derecho a enterrar dignamente a los suyos, a que se sepa y se reconozca lo que ocurrió y a que se repare de alguna manera tanto dolor. En cuanto a las tradiciones, supongo que la clave está en el equilibrio, en incorporar nuevas ideas y estilos de vida sin que eso perjudique o dañe lo que tienen de valioso las tradiciones.

Hay muchas cosas muy valiosas en las generaciones anteriores que vale la pena preservar, y también en la enseñanza de generación a generación, pero también hay algunas ideas que merece la pena que revisemos: en los pueblos está aún más presente que en las ciudades la idea del patriarcado y, en ese sentido, todas las tradiciones que se derivan de ello son muy poco positivas para las mujeres. No sólo no son positivas, sino que son una rémora más para muchas mujeres.

¿Qué vio en una historia de un árbol para hacerla tan cinematográfica? ¿Qué elementos debía tener para convertirla en relato?

Como en cualquier relato, hacía falta conflicto. Y la situación que plantea el guion, con un árbol vendido contra la voluntad de su dueño en el seno de la familia, es puro conflicto. Y también la idea de recuperarlo contra toda lógica. La situación resulta ser un buen motor para la historia, porque aunque es muy poco probable que lo consiga, ¡supongo que el espectador se pregunta toda la película si Alma se traerá finalmente o no el árbol de vuelta!

¿Cuál sería la mejor forma de erradicar el comercio de olivos y de otras especies?

Con unas leyes que los protejan y una sociedad que las respete.

¿Cree que cambiarán la mentalidad y la legislación gracias a decisiones políticas? ¿Qué valoración hace de las medidas adoptadas hasta ahora?

La ley que existe desde hace seis años en la Comunidad Valenciana [la acción de la película se sitúa en el territorio de la Mancomunidad Taula del Sènia, que se extiende por la cuenca de este río, entre las provincias de Tarragona, Castellón y Teruel, y donde se halla la mayor concentración de olivos milenarios documentada en el mundo] ha frenado el expolio. Las decisiones y la voluntad políticas son fundamentales.

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