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Medio ambiente
15 de julio de 2018
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Martes, 28 de abril de 2015
Enia Sánchez
Los derechos de nuestros parientes
Una juez de Estados Unidos reconoce el hábeas corpus a dos chimpancés utilizados en experimentación biomédica y reabre el debate sobre la relación con los animales
Un chimpancé común en el zoológico de Leipzig (Alemania) / Foto: Wikipedia - Thomas Lersch Un chimpancé común en el zoológico de Leipzig (Alemania) / Foto: Wikipedia - Thomas Lersch

La justicia estadounidense ha reconocido a Leo y Hércules el derecho de hábeas corpus, un procedimiento judicial aplicable a las personas que persigue evitar los arrestos y las detenciones arbitrarias y obliga a que las mismas sean revisadas en un plazo determinado y breve por un juez. Lo inusual del caso es que Leo y Hércules son dos chimpancés utilizados para la experimentación biomédica en la Universidad Stony Brook en Long Island (Nueva York), y que el juez podría decidir su inmediata puesta en libertad.

En un precedente histórico para los defensores de los derechos de los animales, la jueza de la Corte Suprema del Estado de Nueva York Barbara Jaffe admitió el 20 de abril el recurso de los demandantes de la organización Nonhuman Rights Project (NhRP). "Este es un primer paso de una larga, larga lucha", afirma Steven Wise, el abogado que presentó el recurso, tras conocer la decisión de la magistrada.

La magistrada reclama a la universidad que aporte razones para justificar el cautiverio

"La juez nunca dice explícitamente que los demandantes no humanos sean personas, pero mediante su decisión está afirmando implícitamente que lo son, o que pueden serlo”, añade Wise, quien alega que los chimpancés son lo suficientemente inteligentes, emocionalmente complejos y conscientes de su individualidad como para merecer algunos derechos humanos básicos, como el derecho contra la detención ilegal y el trato cruel.

Es la primera vez que se reconoce este derecho a un animal en la historia de Estados Unidos y puede, por tanto, señalar un antes y un después en este complejo terreno legal. Los animalistas lo han comparado con el célebre caso del esclavo James Somerset en 1772 en Inglaterra, cuando el juez de la Corte de Bench, Lord Mansfield, dictaminó que el demandante no era una propiedad, le concedió el hábeas corpus y le puso en libertad.

Pero el dictamen de la magistrada tan sólo es el primer paso en el complicado recorrido jurídico al final del cual se podría abrir la puerta de la jaula de estos dos primates, y de muchos otros que también son utilizados para la experimentación –donde hacen posibles importantes avances médicos– o la industria del ocio y el entretenimiento.

De 'cosas' a 'personas'

Por ahora, la jueza ha requerido a la universidad, representada por el Procurador General de Nueva York, que aporte razones legalmente suficientes para mantener detenidos a los dos animales, tras lo que el tribunal considerará si los dos simios deben ser o no liberados y trasladados al centro de acogida Save the Chimps, en Florida, como pretenden los animalistas. 

Los argumentos legales para decidir si Hércules y Leo, objeto de experimentos destinados a comprender la evolución de la bipedación (el paso de un desplazamiento de cuatro patas a dos por parte de los simios), deben permanecer en cautividad serán presentados en una audiencia programada provisionalmente para el 27 de mayo. Pero, incluso sin esperar a conocer el fallo, la organización de defensa animal considera la primera medida de la magistrada como una victoria porque, a su entender, “refuerza el argumento de que estos animales no humanos no son una mera propiedad”. La universidad no ha querido hacer declaraciones al respecto.

Los activistas quieren presentar casos de otras especies, como cetáceos o elefantes

Aunque es el primer caso en Estados Unidos, no es la primera vez que se emplea el instrumento del hábeas corpus en casos de cautividad de animales a nivel mundial. En 2007, en Brasil, se concedió la libertad mediante este procedimiento a una chimpancé llamada Suiza que había estado recluida durante 10 años en un zoológico de la ciudad de Bahía. Sin embargo, no pudo disfrutar de ella, pues fue envenenada la víspera de su liberación. El pasado diciembre, la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales consiguió un reconocimiento parecido para la orangután Sandra, que vive en el Zoo de Palermo de Buenos Aires (Argentina), y para la que se busca ahora un lugar adecuado. El fallo está todavía pendiente de ejecución.

La organización Nonhuman Rights Project (NhRP) trabaja para modificar el estatuto jurídico de los animales: que pasen de ser considerados como cosas –que compramos, vendemos y matamos a nuestro antojo, pues carecen de la capacidad de poseer ningún derecho legal– a personas con derechos fundamentales como la integridad física y la libertad corporal, así como otros a los que la evolución de las normas morales, el descubrimiento científico y la experiencia humana les puedan hacer acreedores.

NhRP empezó su campaña a finales de 2013 presentando la demanda para liberar los dos chimpancés neoyorquinos en la Corte Suprema del Condado de Suffolk, donde se desestimó su petición, pero tiene entre las manos otros procesos similares, como el de sus congéneres Tommy y Kiko. Y se plantea presentar más casos en los que podrían estar involucrados no sólo primates, sino también elefantes, ballenas o delfines, abriendo así un complejo debate ético: ¿qué animales merecen derechos básicos? y ¿por qué unos sí y otros no? Preguntas realmente difíciles de responder.  

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