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Medio ambiente
17 de octubre de 2018
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Miércoles, 14 de enero de 2015
Eva Terol
Vivir sin residuos en Nueva York
Una joven ecologista consigue reducir sus desechos a cero sin privarse de nada en una de las ciudades más consumistas del planeta
La activista bebe un zumo en un tarro de vidrio con el 'skyline' de Manhattan al fondo / Foto: Trash is for Tossers La activista bebe un zumo en un tarro de vidrio con el 'skyline' de Manhattan al fondo / Foto: Trash is for Tossers
Nadie dijo que iba a ser fácil, pero Lauren Singer se empeñó en demostrar que era —y es— posible vivir en el centro de una gran ciudad moderna y generar apenas unos gramos de basura cada semana. A esta joven neoyorquina no le parecía nada coherente ser una activista medioambiental convencida y tener la nevera de casa llena de envases de plástico. Así que decidió ponerse manos a la obra para poner fin a semejante contradicción.

Hoy, dos años después de iniciar su particular transición hacia una vida libre de desperdicios, esta ecologista de 23 de edad asegura que vive mejor, ahorra dinero y se alimenta de una manera mucho más saludable. Su inspiradora experiencia la relata en su blog Trash is for Tossers (La basura es de quienes la tiran) e incluso ha creado su propia empresa, The Simply Company, que comercializa los productos 100% naturales y libres de químicos que ella misma elabora.

Lauren Singer compra de segunda mano y elabora sus propios productos de limpieza

Todo empezó cuando la joven cursaba estudios de Ciencias Medioambientales en la Universidad de Nueva York y comenzó a tomar conciencia de la gran cantidad de envases plásticos que se utilizan a diario en la sociedad de consumo y que no hacen sino incrementar nuestra huella dañina sobre el planeta.

Empezó a buscar información sobre cómo vivir sin producir tantos desechos y la encontró en la iniciativa que habían puesto en marcha Bea Johnson y su familia, Zero Waste Home (Hogar cero residuos). Así descubrió la filosofía Vida con cero basura y pensó que si una familia de cuatro personas podía superar semejante reto, a ella, que vivía sola, tendría que resultarle todavía más fácil. La cuestión requería, eso sí, de un poco de disciplina y de un radical cambio de hábitos.

“Dejé de comprar productos envasados y comencé a llevar mis propias bolsas reutilizables y tarros para llenarlos con productos a granel en el supermercado. Dejé de comprar ropa nueva y comencé a adquirir sólo cosas de segunda mano”, relata en su blog. “Aprendí a preparar mis propios productos de aseo, limpieza y belleza. Reduje significativamente mis posesiones al vender, donar o regalar cosas superfluas, como 10 pares de vaqueros que no había usado desde la secundaria y un montón de artículos decorativos que no tenían ningún significado ni utilidad para mí”, recuerda.

Lauren también aprendió a decir no a las bolsas de plástico o papel en comercios y supermercados y a rechazar los recibos, y se hizo asidua de los mercados de granjeros, a los que acude no sólo para abastecerse de frutas y verduras frescas y de temporada, sino también para entregar a los agricultores los residuos orgánicos, que ellos transformarán en compost.

Año y medio de adaptación

El proceso duró más de un año y requirió de mucho esfuerzo, pero la joven insiste en que su vida es ahora mucho mejor. “Lo más complicado no fue prescindir de ciertos productos, sino buscar alternativas orgánicas a todo lo que usamos en el día a día”, explica Lauren, quien presume de que “tengo recetas para todo: detergente para la lavadora, dentífrico, loción para la piel… Y me ha costado bastante investigar y perfeccionarlas”.

Algunas de ellas ha decidido ponerlas a la venta a través de The Simply Co., como unas cucharas de barro para aplicar las dosis exactas, camisetas de algodón orgánico con el lema Live Simple (Vive sencillo) o jabón en polvo para lavar prendas a mano. Su campaña de micromecenazgo en la plataforma Kickstarter para conseguir financiación para fabricar un detergente para lavadora con solo tres ingredientes naturales logró cuadruplicar la cifra que solicitaba.

Solo hay una cosa que, afortunadamente, Lauren no reutiliza. Según ella misma cuenta en un post de su blog titulado Turn me on (Excítame) se trata de los preservativos, aunque utiliza los más respetuosos con el medio ambiente, que a su juicio son los de la marca Sustain Condoms.

Chicago cuenta con el primer local de 'fast food' que aplica criterios sostenibles

“Cada vez hay más gente interesada en vivir de una manera más simple y saludable para ellos y para el planeta”, asegura Lauren. “En Nueva York hay muchos espacios interesantes al respecto, fantásticas tiendas de comida orgánica, centros de reciclado o donde se hace compost y, ya más lejos, la gente tiene huertos donde cultivan sus propias verduras. Llevar este tipo de vida es una decisión que tiene que partir de uno mismo, pero el gobierno y las autoridades tienen que proporcionar las infraestructuras para que esto sea posible”, opina.

La vida sencilla y la filosofía del cero basura tienen cada vez más adeptos, y se nutren de iniciativas como las tiendas que ya prescinden del empaquetado y los envoltorios innecesarios. En nuestro país, el mejor ejemplo es Granel, una cadena que cuenta con 11 tiendas repartidas por Cataluña, las Baleares y Bilbao. La primera de todas se abrió en Vic (Barcelona), en 2011 y vende comida sin envasar. “Tenemos verduras, legumbres, frutos secos, especies, pan, cereales…Todos son productos ecológicos, frescos y de la zona”, refiere Judith Vidal, titular del negocio junto con su marido, Iván Álvaro.

“Nuestros clientes vienen con sus propios sacos o recipientes y, si no los tienen, nosotros les ofrecemos envases de papel, de fécula de patata, de PLA (un bioplástico obtenido del maíz) o bolsas de tela de algodón orgánico”, señalan.

El pasado setiembre abrió sus puertas en Berlín (Alemania) Original Unverpackt, el primer supermercado que prescinde del envasado, y ya hay restaurantes cero desechos como Sandwich Me In. En este establecimiento de comida rápida de Chicago (Estados Unidos), las materias primas provienen de los granjeros y ganaderos locales, se utiliza energía sostenible, la basura orgánica se transforma en abono y absolutamente todo es reutilizado tanto como resulta posible. Lo cual no resulta incompatible con tratarse de un local de fast food

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