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Medio ambiente
16 de diciembre de 2018
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Lunes, 28 de julio de 2014
Joaquim M. Pujals
Un santuario ecológico
El monasterio de Poblet (Tarragona), la mayor abadía habitada de Europa, se halla en pleno proceso de reconversión para reducir al máximo su huella ambiental
Farolas LED autónomas, alimentadas por energía solar, frente al cenobio / Foto: Josep Cano Farolas LED autónomas, alimentadas por energía solar, frente al cenobio / Foto: Josep Cano

Tras nueve siglos de casi ininterrumpida historia, el monasterio cisterciense de Santa María de Poblet (Tarragona), la mayor abadía habitada de Europa, uno de los hitos de la cultura catalana, panteón real de la Corona de Aragón y Patrimonio de la Humanidad, ha decidido volver a ser verde.

Gestión rigurosa del agua, eficiencia energética, sustitución de combustibles fósiles por energías renovables, reciclaje de residuos, supresión del uso de productos de limpieza contaminantes, restricciones a la movilidad en vehículo privado y un huerto ecológico son los ejes de la reforma emprendida en 2007 bajo el impulso del prior Lluc Torcal.

"De alguna manera, es un retorno a las raíces de nuestra comunidad, que siempre vivió en armonía con la naturaleza que nos rodea. Entendemos que no es algo de nuestra propiedad y que debemos conservar para las siguientes generaciones”, señala a EcoAvant.com el joven monje, de 43 años, 18 de ellos en la orden, y con un doctorado en física cuántica (además de otras dos carreras de letras) con el que quiere demostrar que ciencia y fe son dos mundos plenamente compatibles.

La comunidad de 32 monjes pretende hacerse autosuficiente en materia energética

Tras dos años de reflexión, esta visión se plasmó en 2009 en una declaración de los cuatro monasterios de la Orden del Císter de la antigua Corona de Aragón en la que éstos se comprometen a retomar un estilo de vida más acorde con sus tradiciones y menos dañino para el planeta. El gran objetivo es que cada comunidad monástica vuelva a ser autosuficiente y minimice su impacto ambiental.

Al regresar en 2005 de una estancia por estudios en Roma, Torcal se dio cuenta de que Poblet desperdiciaba gran cantidad de agua por culpa de un diseño erróneo, una bomba defectuosa y unas canalizaciones con fugas “enormes”. “Gastábamos hasta un millón de litros diarios, una barbaridad, y al principio no sabíamos por qué”, recuerda. Así que se encargó una auditoría al respecto.

Tras ser designado prior, cargo que equivaldría al de director ejecutivo del monasterio, encargado de la gestión práctica del día a día, Torcal acometió la renovación de la red de distribución, la instalación de filtros presurizadores en grifos y duchas y la plantación de especies mediterráneas en lugar de césped en los 22.000 metros cuadrados de jardines, medidas que han dado resultados espectaculares: el consumo respecto a 2007 se ha reducido en un 95%.

Entre los dispositivos de ahorro de agua aplicados, el prior destaca los urinarios sin agua y las que denomina duchas sin jabón: “Tienen un filtro de piedras que activa unos iones bactericidas y fungicidas que hacen innecesario el uso de productos de limpieza, y además hidratan la piel. Los tenemos instalados en todos los baños, y ya hemos vendido medio millar en la tienda de recuerdos”.

Los filtros, afirma, les permiten ahorrar hasta un 65% de caudal y energía, además de los limpiadores contaminantes, cuyo uso se ha erradicado también en la cocina sustituyéndolos por una mezcla “a base de agua, piel de naranja, vinagre y sal”. También se instaló un sistema de recogida de aguas pluviales en el claustro mayor.

Huerto, viñas y bosque

“Ahora gastamos mucha menos agua con muchos más usuarios. Desde 2010 funciona la nueva hospedería externa, con una cincuentena de habitaciones dobles y un restaurante en el que caben 180 personas. Y tenemos suficiente agua para regar el huerto en verano, algo que antes no podíamos hacer”, explica.

Siempre hubo un huerto en Poblet, desde su fundación en 1150, pero la falta de agua cuestionó su supervivencia. Solucionado el problema, desde 2010, y sobre sus actuales 850 metros cuadrados, se cultivan gracias a sistemas de riego por goteo toda clase de frutas, verduras y hortalizas ecológicas que abastecen a los 32 monjes que forman la comunidad y también la cocina de la hospedería, en la que se desarrolla un proyecto social de inserción laboral que favorece a una quincena de personas. El objetivo hacia el que se avanza es el de llegar a un 100% de alimentos ecológicos en uno y otro menú.

El monasterio, que llegó a poseer propiedades tan extensas que hace cinco siglos se podía viajar entre los Pirineos y Valencia sin abandonar sus feudos, conserva hoy alrededor del complejo monumental 20 hectáreas de viñedos y almendros y otras 25 forestales (el antiguo bosque de Poblet, que ocupa 3.000 hectáreas en la frondosa sierra de Prades y tiene un gran valor ambiental, pasó a titularidad pública con la desamortización de 1835).

La gestión de las nueve hectáreas de viñas intramuros, herederas de la milenaria tradición vinícola del Císter, se cedió a una importante empresa del sector, que comercializa sus vinos bajo la marca Abadía de Poblet. Y del bosque se espera obtener la biomasa que haga funcionar unas innovadoras calderas que ayuden a reducir todavía más el consumo de gasóleo, uno de los próximos objetivos verdes del cenobio.

Porque, además de la preocupación por el medio, el fuerte olor a combustible y el ruido de las calderas fueron dos de las razones que impulsaron la reconversión energética del monasterio, por la que el mismo incluso recibió en 2011 el premio Eurosolar que concede la Asociación Europea por las Energías Renovables.

El consumo de agua se ha reducido en un 95% pese a haber muchos más usuarios

Se instalaron, con sumo cuidado para respetar la imagen del monumento, protegida por la Unesco, dispositivos fotovoltaicos en los tejados: placas y cintas solares permiten generar electricidad limpia, unos captadores solares térmicos proporcionan agua sanitaria caliente y lámparas LED de alta eficiencia iluminan las dependencias y el exterior de la abadía (donde funcionan farolas autoalimentadas por energía solar). Todo ello ha permitido eliminar siete calderas de gasóleo y reducir el consumo de combustibles fósiles a la mitad respecto al de 2007.

En un futuro cercano, otros dos grandes proyectos deben hacer aún menor la dependencia de Poblet del petróleo. Por una parte, se quiere construir sobre el aparcamiento exterior, al que proporcionará sombra, una gran pérgola fotovoltaica con 2.000 metros cuadrados de paneles y una capacidad de producción de 250 kilovatios, conectada a la red, que pueda cubrir toda la demanda de electricidad del monasterio y vender los excedentes.

Por otra, para calentar los 1.200 metros cuadrados de grandes estancias medievales gélidas durante el frio invierno de la Conca de Barberà, se quiere poner en marcha una planta de biomasa de última tecnología que funciona por pirólisis en lugar de combustión, y que genera un carbón denominado biochar que puede ser utilizado como fertilizante. Este tipo de instalaciones producen energía térmica y no emiten CO2.

Otra de las prioridades es reducir el impacto ambiental del transporte de las personas que residen, trabajan o estudian en el monasterio (tiene una biblioteca de 100.000 volúmenes) y de los 150.000 visitantes que recibe éste cada año.

Aunque las necesidades de desplazamiento de los monjes son reducidas (apenas salen de Poblet un par de veces al año, para ir al médico o visitar a sus padres), la gran distancia a la estación de tren más próxima, en l'Espluga de Francolí, y el reducido número de convoyes que se detienen en ella no ayudan. Se han implantado medidas para limitar el uso del coche dentro del recinto y se trabaja en la búsqueda de soluciones para hacer que visitar Poblet implique en el futuro contribuir lo menos posible al cambio climático.

“Una diferencia esencial con proyectos análogos desarrollados en la sociedad civil es que en los monasterios no hay prisa. No están sujetos a plazos cuatrienales ni a programas electorales. El compromiso ambiental de Poblet, plasmado en la declaración de 2009, vincula a toda la comunidad y a sus trabajadores para siempre: no hay que sufrir porque en las próximas elecciones pueda cambiar la dirección, y con ella la orientación”, observa el asesor ambiental de la abadía, Josep Maria Mallarach. El tiempo no será pues un problema para los monjes. Sólo falta esperar que el maltrecho estado del planeta les deje el suficiente. 

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