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Medio ambiente
19 de abril de 2018
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Miércoles, 28 de mayo de 2014
Pau Ruiz
El CO2 nos deja sin nutrientes
El incremento de la presencia del gas en la atmósfera hace crecer a las plantas con mayor rapidez, pero generando más hidratos de carbono y menos minerales o proteínas
Un trigal en verano en la Sierra de Atapuerca (Burgos) / Foto: JMP Un trigal en verano en la Sierra de Atapuerca (Burgos) / Foto: JMP
Los crecientes niveles de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, causantes del calentamiento global, cuyo impacto sobre el clima de algunas regiones puede hacer peligrar sus producciones agrícolas, tienen otro efecto amenazador para la seguridad alimentaria mundial: están haciendo perder valiosos nutrientes a cultivos básicos de los que dependen millones de personas, como el arroz, el maíz, el trigo, la soja o el sorgo.

La razón es que el elevado contenido en CO2 hace crecer las plantas de forma más rápida, pero creando más almidón y azúcares, es decir, hidratos de carbono, en detrimento de proteínas y minerales.

El trigo expuesto a más dióxido de carbono acumula menos hierro (9%) y zinc (5%)

De esta manera, los vegetales aportan menores cantidades de nutrientes esenciales como el zinc o el hierro, de los que más de 2.000 millones de personas ya sufren niveles bajos por su deficiente alimentación. Según los principales organismos internacionales, la malnutrición es la causa de la pérdida anual de 63 millones de vidas humanas.

Un grupo de una veintena de expertos de diversas universidades y centros de investigación de Estados Unidos, Australia, Japón e Israel analizaron los niveles nutricionales de 143 cultivos experimentales sometiéndolos a niveles de CO2 superiores en más de un cien por cien a los de la era preindustrial (algo que está previsto que suceda para 2060) y, en todos ellos, aunque en diferentes proporciones, detectaron efectos significativos de la presencia del gas sobre su desarrollo.

Se eligieron 41 genotipos de granos y legumbres y se plantaron en siete localizaciones al aire libre en Japón, Australia y Estados Unidos, donde se aportaron a las plantas niveles extra de CO2 mediante la tecnología FACE (siglas de Free Air Concentration Enrichment, enriquecimiento de concentración al aire libre), que bombea dióxido de carbono atmosférico al nivel del suelo, lo que evitó el tener que realizar el experimento en invernaderos cerrados, como se había hecho en trabajos anteriores.

Sorgo y maíz, menos afectados

Los científicos comprobaron que el trigo cultivado en esas condiciones acumulaba un 9,3% menos de zinc, un 5,1% menos de hierro y un 6,3% menos de proteínas que el que crece con los niveles actuales de dióxido de carbono en la atmósfera. El arroz también registraba peores porcentajes de los tres elementos.

Las legumbres presentaban menos metales, pero la misma aportación de proteínas. Sorgo y maíz se vieron menos afectados porque su proceso de fotosíntesis fija buena parte del CO2 en las células de sus hojas. Los resultados del estudio El incremento del CO2 amenaza la nutrición humana fueron publicados en la revista Nature.

La dieta de 2.000 millones de personas es deficitaria en elementos esenciales

El zinc es un elemento fundamental para el organismo humano. Su presencia es vital para la configuración del sistema inmunitario y la producción de proteínas y del ADN. Por su parte, el hierro es un componente esencial de la hemoglobina, la proteína que transfiere el oxígeno de los pulmones a los tejidos. Además, es imprescindible para el crecimiento, el desarrollo, el funcionamiento celular y la síntesis de ciertas hormonas.

Una dieta con niveles insuficientes de zinc o hierro puede generar un amplio abanico de consecuencias negativas para la salud humana, como la anemia, una mayor vulnerabilidad a las infecciones, niveles más elevados de mortalidad materna o una merma del coeficiente intelectual.

Para los autores del estudio, el impacto de los niveles de CO2 sobre la calidad nutricional de los cultivos es “la más significativa amenaza para la salud” entre todos los posibles efectos del cambio climático.

La contaminación atmosférica por CO2 contribuye de esta forma a favorecer la existencia de lo que algunos expertos denominan “alimentos huecos”, insuficientemente nutritivos pero cuyo alto contenido en almidón y azúcar provoca sensación de saciedad. Su proliferación podría estar detrás del imparable auge de la obesidad, porque “la gente come más para obtener la nutrición que necesita”, afirma Ken Warren, portavoz de The Land Institute, un centro de investigación agrícola estadounidense.

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