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Medio ambiente
19 de julio de 2018
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Miércoles, 07 de mayo de 2014
Cristina Fernández

Daniel Valls: “La Administración debería priorizar la compra de productos 'eco'”

El presidente del Consell Català de la Producció Agraria Ecològica (CCPAE) explica cómo la certificación del sector sigue “unos criterios estrictos para dar al consumidor la máxima confianza”. Destaca el aumento de la producción de este tipo de alimentos pero también la falta de arranque del consumo interno. Y lamenta la desprotección del sector ante la amenaza de los transgénicos: "Si sufres una contaminación por los cultivos de tu vecino, tienes que asumir el 100% de las consecuencias”

Daniel Valls
Daniel Valls

(Vilanova de Bellpuig, 1973). Ingeniero agrónomo y copropietario de la empresa Cal Valls, dedicada al cultivo y elaboración de productos ecológicos. Desde 2006 es el presidente del Consell Català de la Producció Agrària Ecològica (CCPAE), el ente público con modelo de gestión privado que desde el año 2000 audita y certifica los productos ecológicos en Cataluña.

¿Cuál es la situación actual de la producción ecológica en Cataluña?

Experimenta una evolución positiva año tras año, pero en 2013 se registró el incremento más alto de los últimos tiempos en cuanto a número de productos, hectáreas, agricultores, ganaderos y empresas elaboradoras. El número de operadores (productores, empresas elaboradoras, importadores, comercializadoras y comercios minoristas) inscritos en el Consell Català de la Producció Agraria Ecològica (CCPAE) creció casi un 20%.

¿Cuál es la misión del CCPAE?

El sistema de control es básico para dar una confianza absoluta al consumidor de que el producto ecológico que compra cumple con la reglamentación europea. Este sistema de control es responsabilidad de los estados miembros. En España, como se descentralizaron las competencias de agricultura, lo realizan las comunidades autónomas. La Generalitat de Catalunya creó hace 14 años el consejo, que es una empresa pública con gestión de modelo privado. Cualquier agricultor, ganadero, empresa o comercializador que quiera vender un producto como ecológico tiene que estar inscrito en el CCPAE y tiene que someterse obligatoriamente a sus inspecciones y a su control.

¿Qué coste supone ese control?

Hay unas cuotas que dependen del tipo de explotación, empresa, hectáreas y productos. Se trata de un importe muy asequible puesto que, al ser una empresa pública, el CCPAE no tiene ánimo de lucro. Un agricultor pequeño-mediano de cereales o de hortalizas pagaría unos 200-250 euros al año, y una empresa pequeña-mediana, que son la mayoría, unos 700-800 euros. 

¿Cuántos años deben pasar para la reconversión de cultivos a la agricultura ecológica?

Los cultivos leñosos, básicamente árboles frutales y viñedos, necesitan un período de reconversión de tres años. Los de verduras y cereales, dos.

¿Cómo se controla todo el volumen de producción para evitar el fraude?

La parte más importante del sistema de control es una auditoría anual obligatoria para todos los inscritos que incluye la visita de un inspector a la finca o empresa. El porcentaje de fraude es bajísimo.

¿Qué garantiza el sello del CCPAE al consumidor?

Que el producto etiquetado como ecológico cumple con toda la normativa de la Unión Europea, igual que en cualquier otro país. Y además, con unos criterios estrictos, porque los propios operadores somos la mitad de los miembros de la Junta Rectora del CCPAE –el máximo órgano de gobierno– y, por tanto, somos los primeros interesados en que esta certificación funcione bien y de forma rigurosa para dar al consumidor la máxima confianza. A nivel europeo tenemos un prestigio ganado como autoridad pública de control acreditada.

El sello no garantiza que sean productos locales…

La normativa de agricultura ecológica se centra básicamente en el sistema de producción, no en el origen geográfico del producto. Hay algunos aspectos de la normativa que sí favorecen la producción local, pero específicamente no se entra en este tema. Pero esto no quiere decir que no pueda entrar. De hecho, la Comisión Europea está planteando una modificación importante de la normativa actual para introducir más aspectos de promoción de la producción local.

Hay algunas iniciativas, como La Xarxeta, en las que se da prioridad a la relación de confianza con el productor frente a la certificación ecológica. ¿Qué le parecen?

Si hay una relación de confianza mutua entre el productor y el consumidor y se conocen, la certificación no tiene sentido. Ésta nace cuando no se conocen, y por tanto tiene que haber alguien en el medio que dé confianza, que verifique que se cumplen las normativas.

El aumento de la producción, ¿ha ido acompañado de un crecimiento del consumo de alimentos ecológicos?

Cataluña es el mercado más importante de España de productos ecológicos. A pesar de ello, el consumo es mucho más bajo que en países europeos como Francia, Alemania e Italia. En general, se produce más de lo que se consume. Exportamos, sobre todo, vino y aceite ecológicos, e importamos desde productos que en Cataluña no se cultivan o no se fabrican a otros elaborados de los que no tenemos suficiente cantidad como, por ejemplo, los destinados a la alimentación infantil.

¿Qué actuaciones se podrían hacer desde la Administración para fomentar el consumo?

Cabe destacar que ya se dan algunas ayudas económicas europeas –gestionadas por las comunidades autónomas– para los agricultores y ganaderos que optan por pasar a la producción ecológica, sobre todo durante los cinco primeros años, que son los más difíciles porque hay una pérdida de la renta. Son unas ayudas básicas si bien, en Cataluña, al contrario de lo que sucede en otras comunidades autónomas, son bastante justitas.

Además, como ya se hace en otros países, la Administración debería ser un motor de consumo de los productos ecológicos dándoles prioridad en sus compras para abastecer comedores escolares, hospitales y cárceles. El sector también necesitaría la ayuda de la Administración para llegar a los consumidores porque, al estar formado sobre todo por empresas muy pequeñas, éstas tienen poca capacidad económica para hacer publicidad o dar información a gran escala, y es precisamente la falta de información uno de los motivos por el que los consumidores no compran productos ecológicos.

Y también el precio…

Los productos ecológicos son más caros en general, pero también es verdad que depende del tipo de producto: hay algunos con precios similares a los convencionales, y otros muy dispares. El motivo principal de la diferencia de precio es que el sistema de producción o de elaboración es diferente y, por tanto, no se puede comparar un producto convencional con uno ecológico.

Por ejemplo, la diferencia de precio entre un aceite de oliva virgen extra de arbequina convencional y uno ecológico es poca porque el sistema de elaboración es prácticamente el mismo: incluso podemos encontrarlos al mismo precio. En cambio, no es lo mismo engordar a un pollo exclusivamente con pienso y administrándole antibióticos cada día, encerrado en una nave en la que no le toca el sol ni el aire, que en 38 días pesa dos kilos y ya se pueda matar, que engordarlo durante 65 días a base de productos ecológicos en una granja con acceso al exterior. El sistema de producción del primer pollo y el segundo es completamente diferente y, lógicamente, el producto y su coste también lo son.

Por otro lado, al ser un mercado más pequeño, los costes de elaboración, distribución y comercialización pueden ser ligeramente más caras. Asimismo, la producción ecológica y la elaboración de alimentos ecológicos no contaminan al medio ambiente y las convencionales sí. Y estos costes medioambientales no los pagan las personas que los causan: si estuvieran incorporados en el coste final del producto, algunos alimentos convencionales subirían de precio y no habría diferencia en este terreno con los ecológicos.

¿Es posible alimentar a toda la población mundial sólo con productos ecológicos?

Con la Revolución Verde, que supuso la introducción masiva de los productos químicos en la agricultura a mediados del siglo pasado, ya se dijo que se acabaría con el hambre en el mundo. Han pasado 40 años y hay más gente que sufre más hambre porque el problema no es la producción de alimentos, sino la distribución de los mismos. De hecho, se ha mejorado el suministro alimentario en países en desarrollo africanos y asiáticos ayudando a las poblaciones locales a mejorar sus cultivos con la filosofía de la agricultura ecológica, de forma que se conviertan en autosuficientes.

Creo que sí que se podría alimentar a toda la población mundial con producción ecológica, porque la disminución de rendimientos no es muy significativa. Hay muchos cultivos muy similares en productividad a los convencionales, como los de hortalizas y cereales. Eso sí, haría falta cambiar un poco nuestros hábitos alimentarios y reducir el consumo de carne.

Una de las limitaciones para el desarrollo de la producción ecológica es la convivencia con los cultivos transgénicos. ¿Cómo afrontan desde el sector este problema?

No hay ninguna legislación ni en Cataluña ni en España que proteja los intereses de los agricultores ecológicos en este sentido. Si sufres una contaminación por los cultivos transgénicos de tu vecino, tienes que asumir el 100% de las consecuencias. La Unión Europea publicó unos consejos para emplearlos ante el cultivo de productos transgénicos, pero no se aplican en ningún sitio.

¿Cómo afecta la coexistencia de los productos transgénicos y ecológicos a la hora de encontrar piensos ecológicos para el ganado?

Hay fabricantes de piensos ecológicos, pero el problema radica en las materias primas que se necesitan para los mismos: cereales y leguminosas. Básicamente, se emplean soja y maíz. La soja aquí no se cultiva, así que se importa. Y con el maíz, el problema es que como en Cataluña se cultiva transgénico, hay bastantes contaminaciones cruzadas y los agricultores no quieren cultivar el ecológico porque existe un alto riesgo de que su cosecha se contamine y ya no pueda ser vendida como ecológica, con la consecuente pérdida económica. En los últimos 12 años ha habido casos de contaminación y actualmente el 99% del maíz ecológico se tiene que importar de Francia e Italia.

¿Hay voluntad política para hacer frente a esta lucha de cultivos?

Desgraciadamente, no la hemos visto. A pesar de que lo que nos gustaría es que no se cultivaran transgénicos, lo que pedimos es que como mínimo haya una ley de coexistencia como la que existe en Portugal, que al menos proteja los intereses de los agricultores ecológicos frente a la contaminación transgénica y por productos fitosanitarios de los cultivos vecinos, porque las medidas de protección siempre las tienen que aplicar los agricultores ecológicos, cuando no son ellos los que contaminan.

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