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Medio ambiente
20 de abril de 2019
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Miércoles, 19 de marzo de 2014
Cristina Fernández
La voz de las mujeres indígenas
Las integrantes de los pueblos autóctonos sufren una doble discriminación, étnica y de género, pero siguen luchando para ver reconocidos sus derechos
Una mujer carga con su hija,  Chivay, Valle del Colca (Perú) / Foto: Hady Nyah Una mujer carga con su hija, Chivay, Valle del Colca (Perú) / Foto: Hady Nyah

Los pueblos indígenas se encuentran entre los grupos más desfavorecidos del mundo. “Excluidos de los procesos de toma de decisiones, muchos han sido marginados, explotados, asimilados por la fuerza y sometidos a represión, tortura y asesinato cuando levantan la voz en defensa de sus derechos. Por miedo a la persecución, a menudo se convierten en refugiados, y a veces tienen que ocultar su identidad y abandonar su idioma y sus costumbres tradicionales”.

Con esta crudeza describía las Naciones Unidas, en un documento de la Conferencia Mundial contra el Racismo de 2001, la situación de los cerca de 5.000 grupos indígenas, que suman unos 370 millones de personas que viven en más de 70 países de los cinco continentes.

Unos 5.000 grupos aborígenes suman 370 millones de personas en más de 70 países

Las mujeres, además, sufren una doble discriminación: por su raza y por su género. Una injusticia contra la que luchan desde hace decenios. Ya en 1995 consiguieron sentar las bases de sus demandas y hacerse un hueco en el espacio político internacional con la firma de la Declaración de Beijing de las Mujeres Indígenas del Mundo. Un paso adelante en una larga batalla, que todavía hoy continúa, por conseguir sus derechos, visibilidad e inclusión social.

“Las mujeres y las niñas indígenas enfrentamos múltiples formas de discriminación, falta de acceso a la educación y atención de la salud, así como elevadas tasas de pobreza, mortalidad infantil y materna. Estamos sujetas a todas las formas de violencia, tales como la violencia doméstica y el abuso sexual, incluyendo violencia en contextos de trata, conflictos armados, violencia ambiental e industrias extractivas”, exponen en la Declaración de Lima, un documento elaborado en el marco de la Conferencia Global de Mujeres Indígenas organizada el pasado octubre en Perú y que contó con la participación de líderes de pueblos aborígenes de África, Asia, América del Sur, Norteamérica, el Ártico, Rusia y el Pacífico.

Las mujeres aborígenes reclaman a los estados adoptar un nuevo modelo económico redistributivo, solidario y sustentable que respete la naturaleza, ya que consideran el actual sistema de explotación de los recursos naturales como “insostenible” y una amenaza para sus vidas.

Cuidadoras ancestrales

“Recursos como el agua, la energía y la biodiversidad, que poseen un valor económico y estratégico fundamental para los países, se ubican principalmente en territorios indígenas. Ello ha significado un riesgo para la vida de nuestros pueblos, y en especial nosotras, las mujeres indígenas, sus cuidadoras ancestrales”, expone el documento.

Los pueblos autóctonos han visto como la presencia de industrias extractivas –como la minería, la maderera y las del petróleo y el gas–, de plantaciones monocultivo y de represas ha cambiado su mundo provocando la “militarización, tráfico, desplazamientos forzados –que conllevan en muchos casos la extinción de un idioma y formas culturales– y uso de pesticidas”.

Además, los megaproyectos son ejecutados habitualmente sin el consentimiento y ni tan siquiera el conocimiento de las poblaciones indígenas. Asimismo, el cambio climático también afecta duramente a las comunidades indígenas por su dependencia y relación con la naturaleza.

Los recursos de sus tierras se explotan sin consultarles y ni tan siquiera informarles

Ante tal panorama, las representantes de las mujeres indígenas suscribieron en la Conferencia Global una estrategia para erradicar la violencia, la discriminación, el racismo y la pobreza. La hoja de ruta se mueve en torno a cuatro temas principales: tierras, territorios, recursos, océanos y aguas de los pueblos indígenas; intervención del sistema de las Naciones Unidas para la defensa de sus derechos; implementación de los Derechos de los Pueblos Indígenas y prioridades de los mismos en materia de desarrollo con consentimiento libre, previo e informado.

“Las mujeres indígenas planteamos el empoderamiento a partir de la eliminación de la invisibilidad de nuestra situación real para lograr una visibilidad traducida en políticas públicas y de estado que nos ha negado la inclusión, la participación política paritaria y las oportunidades”, expone el comité organizador.

Este último encuentro sirvió para preparar el plan de acción de las próximas citas importantes como la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, conocida como Cairo+20, y la Conferencia Internacional sobre la Mujer en 2015, Beijing+20.

Pero, sobre todo, se ponen las bases de cara a la Conferencia Mundial sobre los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas (conocida en inglés como la WCIP 2014) que tendrá lugar en Nueva York el próximo septiembre y de la que se espera un documento final que oriente acciones políticas y compromisos con el objetivo de que se cumpla la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Unos pueblos que, cuando no han desaparecido, siguen viendo amenazada su supervivencia.

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