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Medio ambiente
17 de octubre de 2018
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Martes, 28 de enero de 2014
Ramón Costa
Un puente hacia el futuro
El paso ferroviario de Blackfriars sobre el río Támesis, en Londres, se convierte en una central fotovoltaica cuya actividad evitará las emisiones que causarían 89.000 viajes en coche
Vista aérea del puente de Blackfriars, centro de Londres / Foto: Network Rail Vista aérea del puente de Blackfriars, centro de Londres / Foto: Network Rail
Londres acaba de inaugurar el mayor puente cubierto por placas fotovoltaicas del mundo, el de Blackfriars, que salva el río Támesis a su paso por el centro de la capital británica, y sobre el que se han instalado 4.400 paneles solares, que cubren una superficie de 6.000 metros cuadrados (como la de 23 campos de tenis).

El puente alberga ahora una de las principales y más concurridas estaciones integradas de ferrocarril y metro de la capital británica, con orígenes en 1886 y remodelada totalmente en 2012, y la capacidad de generación eléctrica de los paneles instalados, de hasta 900.000 kWh, es capaz de suministrar la mitad de la energía que precisa este vital nudo de transporte.

El proyecto de remodelación integral del puente ha precisado de cinco años de trabajos y del empleo de 14.000 toneladas de materiales diversos. La empresa Solarcentury, que ha instalado las placas fotovoltaicas sobre la infraestructura durante los dos últimos, ha tenido que organizar las obras de manera que afectaran lo menos posible al tráfico ferroviario y a los miles de pasajeros que utilizan cada día las instalaciones, e incluso realizó una pausa en la tarea para minimizar la afectación durante los Juegos Olímpicos que la urbe acogió en 2012.

Los 4.400 paneles permitirán generar la energía que consumen 333 viviendas al año

Pese a que Londres no puede presumir de ser una de las capitales más soleadas del planeta, la capacidad de producción eléctrica de los paneles del puente equivale al consumo anual de 333 viviendas o, como señalan los promotores del proyecto en una curiosa estadística, permitiría proyectar 69.000 veces todas las películas de James Bond, que son ya dos docenas desde 1953.

Los viajeros que llegaron el pasado miércoles a la estación fueron obsequiados con una invitación a té procedente de la taza más grande del país, de 3 metros de altura y 2 de diámetro porque, en otra de las sorprendentes comparaciones publicadas por los constructores del complejo solar, el mismo permitiría hervir el agua necesaria para 80.000 consumiciones de la bebida más popular en la Gran Bretaña.

Un dato más práctico indica que la instalación fotovoltaica hará posible evitar la emisión a la atmósfera de hasta 513 toneladas de CO2 al año, que equivalen a las que provocarían 89.000 viajes en coche.

Integrada en la arquitectura

"Los trenes eléctricos son ya la forma más ecológica de transporte público, y este techo ofrece a nuestros pasajeros la posibilidad de realizar un viaje aún más sostenible", afirmó David Statham, director general de First Capital Connect, la compañía ferroviaria que opera desde la estación la red de trenes del sureste de Inglaterra y transporta cada día laborable a unos 180.000 pasajeros.

"Nuestro trabajo en Blackfriars demuestra los dos principales beneficios de la energía solar. En primer lugar, que se puede integrar en la arquitectura para crear un impresionante valor añadido a la ciudad de Londres. En segundo lugar, que se puede integrar en el más complejo de los proyectos de ingeniería, en este caso una vía férrea sobre un río. Estamos seguros de que, en adelante, las infraestructuras más importantes podrán y van a beneficiarse de la energía solar", vaticina Frans van den Heuvel, director general de Solarcentury.

La mitad de la electricidad empleada por esta gran estación urbana será solar

El puente de Blackfriars constituye un nuevo ejemplo de la apuesta de las autoridades londinenses por hacer de la ciudad una de las pioneras en avances en sostenibilidad a nivel europeo. Los Juegos Olímpicos de 2012 han sido considerados entre los más verdes de la historia.

Entre sus logros ambientales se contaron unas emisiones de carbono menores que en olimpiadas anteriores, un balance cercano al cero residuos, un sistema de transporte más sostenible y accesible que en ediciones precedentes, el uso los juegos como un escaparate de "los beneficios económicos de la sostenibilidad", la promoción de un modo de vida responsable en la ciudad y la regeneración urbanística de algunas comunidades depauperadas del este de Londres.

El estadio olímpico se construyó con materiales reciclados y un hormigón con un 40% menos de carbono de lo habitual. El pabellón de baloncesto y balonmano estaba cubierto por una carpa de PVC reciclable que se desmanteló tras los juegos para ser trasladada a Rio de Janeiro para utilizarla en los próximos, que la urbe brasileña acogerá en 2016, mientras las gradas interiores también fueron reaprovechadas en diversos recintos deportivos británicos. El velódromo, diseñado para alcanzar una alta eficiencia energética, disponía de un sistema de ventilación natural que evitó recurrir al aire acondicionado.

Asimismo, la ciudad estudia la creación de una revolucionaria red de carriles bici aislados del tráfico motorizado, construidos en vidrio y acero, que discurrirían elevados y conectados con las principales estaciones del metro, y que en los bocetos muestran un diseño futurista.

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