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Medio ambiente
19 de julio de 2018
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Martes, 10 de diciembre de 2013
Enia Sánchez
Especies bajo la lupa
La Lista Roja de animales y plantas amenazados de extinción que publica la UICN presenta algunos ejemplos alentadores en un contexto global devastador para la biodiversidad
Ejemplar de okapi, el pariente más cercano de la jirafa / Foto: WWF Ejemplar de okapi, el pariente más cercano de la jirafa / Foto: WWF

La actualización de la Lista Roja de Especies Amenazadas confeccionada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) constata el aumento imparable del número de animales en peligro de extinción. De las 71.576 especies evaluadas, 21.286 corren el riesgo de desaparecer del planeta para siempre.

El okapi (Okapia johnstoni), el pariente más cercano de la jirafa, que habita en las selvas de la cuenca del río Congo, en África Central, ha entrado a formar parte de la Lista Roja como consecuencia de la caza furtiva y la pérdida de su hábitat.

Tras su extinción en Uganda, actualmente sólo habita en los bosques del este de la República Democrática del Congo (RDC), donde a pesar de estar oficialmente protegido por la ley y ser un símbolo nacional, ha visto cada vez más reducida su presencia. En concreto, los expertos estiman que la tasa de disminución ha superado el 50% entre 1995 y 2013 y sospechan que, de no mediar un milagro, continuará así durante los próximos años.

El okapi ha visto reducida su población a la mitad en tan sólo 20 años

Y eso que, debido a su carácter solitario y a que habita en parajes selváticos muy densos y remotos, la existencia del okapi fue totalmente desconocida para ciencia hasta principios del siglo XX. Y que ya se había temido hace décadas por su supervivencia: en 2006, y tras casi 50 años sin que se localizara ningún ejemplar salvaje, volvieron a ser detectados algunos en la RDC.

"Lamentablemente, la zona oriental de la República Democrática del Congo se ha visto envuelta en un conflicto civil durante casi dos décadas, lo que lleva a la degradación generalizada del hábitat del okapi y a su caza por parte de los grupos armados por su carne y su piel”, explica en una nota de prensa el portavoz de la UICN Noëlle Kümpel, quien añade: “apoyar los esfuerzos del Gobierno para abordar el conflicto civil y la pobreza extrema en la región son fundamentales para asegurar su supervivencia”.

El mantenimiento de la población de la jirafa del bosque –que se calcula entre los 10.000 y los 35.000 ejemplares– va indisolublemente relacionado con el futuro de la gestión de dos áreas protegidas de la RDC, la Reserva de Fauna Okapi y el Parque Nacional Maiko.

El okapi no es el único nuevo inquilino del triste listado de la organización internacional. Casi 200 especies de aves también están ya en peligro crítico. Destaca entre ellas la polluela especulada (Sarothrura ayresi), una pequeña y colorida ave terrestre que ya sólo resiste en Etiopía, Zimbabue y Suráfrica con una población total inferior a los 250 individuos. Las causas de su debacle son las de siempre: la destrucción y la degradación de sus biotopos, en este caso como consecuencia de la reconversión de tierras para la agricultura, el sobrepastoreo, la tala de árboles y la extracción excesiva de agua.

Noticias positivas

No todo son malas noticias. Los científicos aprecian alentadores signos de recuperación en las colonias de dos especies de aves marinas: el albatros de ceja negra (Thalassarche melanophrys) y el albatros de patas negras (Phoebastria nigripes), cuya principal amenaza es, cómo no, la actividad humana, especialmente la pesca, por las capturas accidentales de ejemplares y la disminución de recursos alimentarios disponibles para estas aves.

El zorro isleño (Urocyon littoralis), un pequeño cánido oriundo de las Islas del Canal de California, ha conseguido sobrevivir al descenso catastrófico de sus efectivos de mediados de los años 90, provocado por la enfermedad del virus del moquilllo –probablemente introducida por un mapache que llegó a las islas en barco desde el continente–, la actividad humana y la depredación del águila real.

Dos especies de albatros, el zorro isleño o la tortuga laúd recuperan efectivos

Su recuperación se debe fundamentalmente a los trabajos de conservación del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, que incluyen la cría en cautividad, la reintroducción en sus hábitats, la vacunación contra las enfermedades caninas y la reubicación de águilas reales. Gracias a ello, la población total de individuos maduros aumentó de cerca de 1.500 en el 2002 a unos 4.000 en 2011, y la tasa de supervivencia anual es superior al 85%.

Aunque el estado de la tortuga laúd (Dermochelys coriacea) –el mayor de todos los quelonios vivientes, pues llega a alcanzar los dos metros de longitud y los 600 kilos– también ha mejorado, la especie sigue enfrentándose a serias amenazas. Las subpoblaciones del Océano Pacífico Oriental y Occidental están en declive como consecuencia de la recolección humana de huevos y las capturas accidentales provocadas por la pesca.

Por ello, desde la UICN se remarca que “los futuros aumentos de la población dependerán del éxito de las acciones de conservación y de mitigación de las amenazas actuales y futuras en toda su área de distribución, especialmente en las zonas de cría y alimentación”.

"La actualización de la Lista Roja de la UICN muestra algunos éxitos de conservación excepcionales, de los que debemos aprender para el futuro", afirma Jane Smart, directora del Grupo de Biodiversidad del organismo. "Sin embargo, el mensaje global sigue siendo desalentador. Con cada actualización, aunque hay algunas especies que mejoran su estado, hay un número significativamente mayor de especies que figuran bajo amenaza de extinción. Para evitar esta tendencia devastadora, el mundo debe aumentar con urgencia los esfuerzos”, sentencia.

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