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Medio ambiente
19 de julio de 2018
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Viernes, 09 de agosto de 2013
Cristina Fernández
¿Santuarios o cárceles?
La existencia de los zoológicos provoca controversias entre quienes defienden su labor científica y conservacionista y quienes se oponen al cautiverio de los animales
Pingüinos en el Zoo de Barcelona. / Foto: Igualdad Animal Pingüinos en el Zoo de Barcelona. / Foto: Igualdad Animal
Cada sábado, desde 2009, se reúnen en las puertas del Zoo de Barcelona miembros de la organización animalista Libera! “Nuestro activismo en la calle por la defensa de los animales cautivos en el zoo comenzó cuando, preocupados por la situación de la elefanta Susi, que se quedó sola tras la muerte de la otra elefanta (Alicia), pusimos en marcha una campaña para solicitar que aquélla fuera trasladada a un santuario de elefantes para que pudiera acabar su vida viviendo con dignidad”, explica el coordinador de Libera! en Cataluña, Samuel Leal.

Los activistas decidieron entonces informar a la ciudadanía sobre el “grave sufrimiento de los animales allí encerrados”, añade. Según comenta, “la respuesta ciudadana es muy positiva: en algunos casos nos agradecen que les hayamos hecho darse cuenta y reflexionar sobre una problemática de la que no eran totalmente conscientes”. 

Para estos animalistas, los zoos no tienen ninguna razón de ser. “Nunca deberían haber existido: el problema de la existencia de los zoos se basa fundamentalmente en una falta de ética en el trato que damos a los animales, que tienen conciencia y la capacidad de sufrir y sentir, y hacia la consideración que tenemos de los países en vías de desarrollo, que dependen en gran medida de los ingresos de turismo de los safaris fotográficos y que son expoliados”, arremete Leal.

Los animalistas acusan a los parques de falta de ética en el trato con los animales

El concepto moderno de zoo surgió en la primera mitad del siglo XIX con la apertura del Jardín Zoológico situado en el Regent's Park, en Londres. Si bien ya existía por aquel entonces la Casa Imperial de Fieras en Viena, precursora del zoo de Schönbrunn. La idea gustó tanto a una clase media creciente que se extendió rápidamente por las grandes ciudades de todo el mundo. La función de aquellos primeros zoos no era otra que la del entretenimiento de los visitantes, quienes veían a los animales ─muchos de ellos traídos de las colonias─ como algo exótico y extravagante. Actualmente, los parques zoológicos aspiran a convertirse en modernos centros de conservación en los que la función recreativa da lugar a los programas de investigación y conservación. Si bien, el entretenimiento sigue siendo hoy una de sus funciones, tal y como queda patente en los espectáculos con animales entrenados.

El zoo de Barcelona, con 121 años de historia, también vivió la citada transformación. “Cuando en 1892 se inauguró el zoo, los zoos, el nuestro y todos, eran una mera exposición de animales exóticos sin ningún criterio para que los visitantes los vieran. Por aquel entonces, la investigación era muy escasa”, afirma el responsable de investigación y conservación del Zoo de Barcelona, Rafael Cebrián, quien añade: “Los animalistas se equivocan por falta de conocimiento: critican la idea de zoo de 1920, que yo también critico... pero las cosas han cambiado. Ahora los zoos desempeñan una tarea fundamental en la conservación de las especies y cada vez su papel tiene más importancia, y también desarrollan importantes líneas de investigación", arguye.

“Hoy en día, los tres pilares básicos de los zoos modernos son la educación, la investigación y la conservación”, dice Cebrián. Conceptos que se engloban dentro de las directrices de la Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios (WAZA) y de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), de las que forma parte el zoo de Barcelona. Un lema considerado por la asociación animalista “publicidad engañosa para el consumidor” puesto que, argumenta, “lo único que les mueve es el interés económico, motivo por el que investigan cómo se comportan y qué problemas tienen los animales en cautividad: ¿Para qué hace falta saberlo? Pues para que los zoos puedan garantizar su propia existencia y sus bienes... los animales”, acusa Leal.

Extinguidos en libertad

Si no existieran los zoos, muchas especies hubieran desaparecido: si las gacelas Dorcas vuelven a vivir en Senegal es porque durante todos estos años han estado aquí en buenas condiciones y las hemos reproducido. Gracias a esto las hemos podido salvar y ahora las podemos reintroducir en su hábitat”, explica el responsable de investigación del parque barcelonés.

El coordinador animalista asegura: "De la gran cantidad de especies animales que se encuentran en cautividad en los zoos repartidos por todo el mundo, sólo un 0,9% se encuentra en peligro de extinción, por lo que, siguiendo el razonamiento de los zoos, el cautiverio del resto de especies no tendría razón de ser”.

En el Zoo de Barcelona viven dos especies que están extinguidas en estado salvaje: el ciervo del padre David (Elaphurus davidianus), originario de China, del que ahora ha empezado la reintroducción en un parque natural cerca de Pekín; y el órix blanco (Oryx dammah), del Sahel norteafricano, especie que se está volviendo a acomodar en las áreas protegidas de su medio natural en algunas reservas de Túnez y Senegal.

Para Cebrián, se trata de dos claros ejemplos de la importancia de las instituciones zoológicas. “Los humanos somos los responsables de cargarnos la naturaleza, pero al mismo tiempo podemos trabajar para revertir esta situación”, dice. Asimismo, recuerda que “ya no hay animales libres y salvajes, ahora todo está controlado por el hombre”.

Los zoos defienden su labor investigadora y de conservación de especies amenazadas

Este argumento, sin embargo, no convence a los animalistas, quienes denuncian la “triste vida de los animales del zoo”. “Pasan su vida en dos tipos de espacios diferentes: uno es el espacio que ve todo el público, los recintos exteriores donde se los exhibe, y el otro espacio es donde pasan la mayor parte del día, las instalaciones interiores que en el lenguaje del zoo se llaman dormitorios, que carecen de luz natural, espacio, superficies naturales y son aún más pequeñas que las instalaciones exteriores. En muchos casos, son jaulas oscuras y húmedas. Algunas quedan al nivel del suelo, otras quedan por debajo de este nivel”.

Cuando estas imágenes salieron a la luz, el Ayuntamiento, responsable del recinto, aseguró que el mismo cumplía estrictamente con la normativa vigente y que los animales no pasaban la mayoría del tiempo en dichas instalaciones, sino que sólo las utilizaban cuando las condiciones meteorológicas eran adversas o se encontraban enfermos.

El responsable de investigación y conservación del Zoo de Barcelona responde tajante ante las acusaciones: “Los trabajadores del Zoo de Barcelona actuamos para mejorar el bienestar de los animales y la conservación de las especies. Nosotros somos los que estamos más preocupados por ellos”.

Durante un año, un equipo de la organización Igualdad Animal investigó los zoos españoles más importantes para documentar la vida de los animales. “Viven en ambientes totalmente opresivos, que les impiden realizar movimientos ni desarrollar comportamientos naturales que son esenciales para su bienestar”, sentencia el informe, que destaca que los trastornos mentales, como los comportamientos estereotipados, son comunes en dichos animales.

El entendimiento entre los partidarios y detractores de los zoológicos parece muy lejano. Les separa irremisiblemente el dilema ético que surge de enfrentar la conservación de la especie al bienestar del individuo, dos objetivos muy loables pero no siempre compatibles. 

La regulación de los parques zoológicos

Las primeras voces discordantes ante los parques zoológicos empezaron a surgir durante el siglo XX: crecía la preocupación social por el bienestar de los animales. No obstante, no fue hasta finales del siglo cuando se regularon de manera más estricta.

En Europa, la Directiva 1999/22/CE, de 29 de marzo, sobre el mantenimiento de los animales salvajes en parques zoológicos, exige garantizar las condiciones básicas de sanidad, bienestar y seguridad y resalta el papel de la educación, la investigación y la conservación.

La transposición de la norma europea al ordenamiento jurídico español supuso la elaboración de la Ley 31/2003, de 27 de octubre, de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos, que sitúa por primera vez la actividad de los zoos en el ámbito de la protección de la fauna silvestre y la conservación de la biodiversidad.

Visto que las competencias de la gestión de los parques están en manos de las Comunidades Autónomas, éstas han ido promulgando normativa propia para la aplicación y desarrollo de dicha ley en los últimos años.

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