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Medio ambiente
19 de julio de 2018
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Jueves, 25 de abril de 2013
Cristina Fernández
Superbacterias letales
El empleo masivo de antibióticos genera microorganismos resistentes que pueden convertirse en un grave peligro para la salud pública
Un ganadero inyecta una vacuna a una cría de la raza Hereford / Foto: Susan H. Smith Un ganadero inyecta una vacuna a una cría de la raza Hereford / Foto: Susan H. Smith
"El peor supuesto, que por desgracia no es improbable, es que los agentes patógenos peligrosos adquieran con el tiempo resistencia a todos los antibióticos hasta ahora eficaces, lo que daría lugar a epidemias incontroladas de enfermedades bacterianas imposibles de tratar". Este es el negro futuro que dibuja la Comisión Europea ante la propagación de superbacterias que hacen inútiles los fármacos antimicrobianos, entre los que se encuentran los antibióticos y los antivirales.

La resistencia a este tipo de medicamentos es uno de los problemas de salud pública que más preocupan a la comunidad científica, pues puede provocar muertes por enfermedades infecciosas que ya estaban controladas, como la neumonía o la tuberculosis, además de complicaciones en operaciones quirúrgicas, y además ocasiona más costes económicos.

Según datos de la Unión Europea, hasta el 60% de las infecciones hospitalarias en los países desarrollados se deben a microorganismos resistentes a medicamentos como lo son el Staphylococcus aureus a la meticilina y los Enterococcus a la vancomicina. En Europa, las superbacterias matan a unas 25.000 personas al año, y en Estados Unidos a más de 30.000.

La problemática no sería tal si continuamente salieran al mercado nuevos fármacos antiinfecciosos. Pero el coste medio actual del desarrollo de un medicamento inédito es de unos 500 millones de euros, y los incentivos industriales no son suficientes para afrontar el gasto, subraya la Comisión Europea.

Mal uso y abuso

Las causas de la aparición y propagación de microorganismos resistentes y de que, por tanto, muchos de los productos antimicrobianos ya no sean tan eficaces como antaño hay que buscarlas en la relación del ser humano con los mismos. Por una parte, en el mal uso y el abuso de este tipo de fármacos cuando, por ejemplo, el enfermo no sigue el tratamiento completo, o cuando el fármaco es de mala calidad. En la mayoría de los países europeos, los antibióticos ocupan el segundo lugar en la lista de medicamentos más usados, después de los analgésicos.

Otra causa es el empleo incorrecto de los fármacos en la industria agroalimentaria–cría de ganado, aves de corral y cerdos, acuicultura y apicultura–, tal y como explica la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los animales que posteriormente se destinan al consumo humano llevan semanas, meses o años recibiendo grandes cantidades de medicamentos antiinfecciosos no sólo para tratar y evitar enfermedades, que con frecuencia son causadas por la falta de higiene y el hacinamiento en las instalaciones de cría industrial, sino también para que crezcan más rápido y sean más rentables económicamente.

Los microbios adaptados matan a 25.000 personas al año en Europa y a otras 30.000 en Estados Unidos

"Algunos cálculos indican que la utilización de antibióticos en la cría de animales, incluidos los peces, es como mínimo mil veces mayor, en toneladas, que en la medicina", sentencia el doctor John Conly, profesor de Medicina, Microbiología y Enfermedades Infecciosas en el Centro para el Estudio de la Resistencia a los Antimicrobianos de la Universidad de Calgary (Canadá) en una entrevista publicada en el boletín de la OMS.

Los fármacos promotores del crecimiento, que favorecen el control de la flora bacteriana del animal para que obtenga mayor aprovechamiento de los nutrientes y aumente de peso, tienen partidarios y detractores. "Las partes implicadas –ganaderos, industria farmacéutica y de producción de piensos, veterinarios, médicos y científicos en general– expresan opiniones diferentes respecto de la conveniencia o no del empleo de antibióticos como promotores de crecimiento y discrepan en tan espinoso problema y de tan grandes repercusiones económicas y sanitarias", apunta el estudio Antibióticos como promotores del crecimiento en animales. ¿Vamos por el buen camino? de las profesoras Carmen Torras y Miriam Zarazaga, de la universidad española de La Rioja.

Existen grupos y organismos que niegan la relación causa-efecto entre el consumo de antibióticos por animales y la aparición de bacterias resistentes tanto en los animales como en los humanos. Además, recalcan que la supresión de su uso acarrearía una serie de problemas como el incremento en el precio de los productos ganaderos, una mayor necesidad de antibióticos curativos por parte de los animales o un mayor gasto de los productores en piensos y agua.

Sin embargo, numerosas publicaciones demuestran que sí existe dicho nexo. Una de estas investigaciones, del Laboratorio Danés de Veterinaria, aparecida en 2001, logró constatar que, después de la supresión en Dinamarca de cuatro antibióticos como promotores, menguaron las tasas de resistencia en humanos a dichos fármacos.

Una dieta química

A finales de los años cuarenta del pasado siglo se descubrió que los antiobióticos estimulaban el crecimiento y reducían las enfermedades de los animales. Durante los años cincuenta, los medicamentos pasaron a ser pasto diario del ganado. A finales de los sesenta llegaron las primeras investigaciones que cuestionaban las bondades del modelo.

"Casi la mitad de todos los antibióticos consumidos se emplean para tratar a animales enfermos, a modo de promotores del crecimiento o para destruir diversos patógenos en los alimentos. Estas dosis continuadas –con frecuencia a un bajo nivel– favorecen el desarrollo de la resistencia de las bacterias en el ganado mismo o cerca de éste y pueden producir nuevas cepas resistentes capaces de 'saltar' de los animales a los seres humanos", según estudios de la UE. La aparición de cepas virulentas de Enterococcusresistentes a la vancomicina es un ejemplo de bacteria resistente que ha aparecido en los animales y que posiblemente ha pasado a los humanos.

China es el principal productor y consumidor de antibióticos, y la mitad los usa en la ganadería

Este salto de superbacterias que se desarrollan en las granjas industriales de animales a humanos se produce por diferentes canales. Una de las formas es a través del consumo directo de la carne de los ejemplares tratados, ya que los fármacos pueden dejar residuos en los alimentos de origen animal.

Pero, además, la parte de las medicinas que no se absorbe por el organismo del animal acaba en el estiércol, que luego se distribuye en forma de fertilizante o se filtra a los acuíferos. "El estiércol, el compost o tierra que contiene las bacterias resistentes a los antibióticos podrían frustrar la eficacia de las terapias antibióticas en humanos si corren en los ríos, se filtran en las aguas subterráneas, se dispersan en forma de polvo, o si el estiércol compostado se distribuye como abono orgánico", concluye el estudio Diverse and abundant antibiotic resistance genes in Chinese swine farms (Diversos y abundantes genes de resistencia a antibióticos en granjas porcinas chinas), publicado a finales del pasado año en la revista científica norteamericana Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). China genera 618.000 millones de kilos de purines de cerdo al año.

El gigante asiático es el mayor productor y consumidor de antibióticos del mundo. En 2007, la producción anual estimada era de 210 millones de kilos. El 46,1% del total estaba destinado a la ganadería, al menos cuatro veces la cantidad utilizada en la misma industria en Estados Unidos en 1999, según se afirma en el estudio.

Elevada resistencia en España

Los investigadores han analizado muestras de estiércol de granjas porcinas de varios lugares del país –Pekín, Zhejiang y Fujian– y han corroborado que es habitual el abuso de antibióticos en los animales. Han identificado más de 100 genes que incrementan la resistencia a los fármacos de las bacterias en el estiércol y en los suelos de las tres granjas estudiadas. En estos lugares, la presencia de los genes era entre 192 y 28.000 veces superior a la de granjas en las que no se empleaban dichos medicamentos.

Los científicos observaron también que es usual mezclar en la alimentación de los mamíferos metales como el cobre, el arsénico o el cinc para fomentar el crecimiento. Aunque, se admite, estas concentraciones sólo son "ligeramente superiores a las registradas en EE UU o Europa".

En China y otros países en desarrollo, el uso de medicamentos tanto para tratar enfermedades como para estimular el crecimiento de los animales no está controlado. Sin embargo, tal y como señalan los científicos del estudio, el efecto de dicha falta de regulación es global, ya que los movimientos migratorios y el comercio internacional hacen que los genes que se gestan en China alcancen lugares insospechados en poco tiempo.

"¿Quién está vigilando el abuso constante de los antimicrobianos en las esferas veterinaria, agroalimentaria y médica? Por desgracia, estamos frente a un drama ecológico porque, como reza el refrán, 'lo que es del común es del ningún'", reflexiona el doctor John Conly de la Universidad de Calgary.

España se caracteriza por el uso elevado de antibióticos por parte de sus ciudadanos. Un reciente estudio publicado en la revista Genome Research, constata que los españoles tienen un alto nivel de resistencia a los citados fármacos.

Los investigadores, tras analizar muestras de España, Estados Unidos, Dinamarca, Japón, Francia e Italia, concluyeron que los españoles, franceses e italianos tenían muchos más genes de resistencia que los de EE UU, Japón y Dinamarca. Ésta es mayor a los antibióticos que llevan más tiempo en el mercado y a los empleados en animales de consumo humano. Por ello, han pedido más estudios de profundidad sobre las consecuencias del uso de estos fármacos en la industria agroalimentaria. Para informar a la ciudadanía sobre las consecuencias del mal uso de estas sustancias, el Ministerio de Sanidad dio luz verde en 2006 a una campaña sobre el uso responsable de antibióticos.
La UE toma medidas
La Unión Europea es líder en la legislación sobre el empleo de antimicrobianos en la industria agroalimentaria. En 1970, la entonces Comunidad Económica Europea –hoy UE– aprobó la Directiva CEE 524/70, con la que se autorizaba la utilización de antibióticos en el ganado mientras no causaran daños ni en su salud ni en la de los humanos.

En consonancia con el aumento de la preocupación por el tema, con el reglamento CE 2821/98, la Comunidad Europea decidió tres décadas después prohibir la utilización de cuatro antibióticos como promotores de crecimiento: virginiamicina, espiramicina, fosfato de tilosina y bacitracina-cinc. Y se continuó con el veto a la avoparcina de 1997.

El paso definitivo se dio en 2003, cuando el Parlamento Europeo aprobó la normativa CE 1831/2003 con la que se prohibía el uso de los antibióticos en la alimentación animal con fines no terapéuticos. La norma se aplica desde 2006 pero sólo afecta a los animales criados en la UE y no a los importados.

Además de la prohibición, la UE ha creado redes de vigilancia de la resistencia a antibióticos en bacterias de origen animal y humano e insta a los países miembros a que sólo se distribuya este tipo de fármacos bajo prescripción médica. La Comisión tiene previsto publicar un informe para evaluar la situación en los países miembros en 2015.

En Estados Unidos la legislación es mucho más laxa y sí se permite el uso de antibióticos como promotores de crecimiento. En los últimos años, las administraciones han dado pequeños pasos hacia la prohibición exigida por algunos grupos como la Union of Concerned Scientists (Unión de Científicos Preocupados). La Food and Drugs Administration (FDA), organismo encargado de velar por la salud de los consumidores, publicó el año pasado una guía para la industria en la que establece el marco para la eliminación gradual de antimicrobianos que son importantes para el tratamiento de los seres humanos.

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