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Medio ambiente
23 de enero de 2018
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Lunes, 25 de febrero de 2013
Enia Sánchez
Rodeados de sustancias peligrosas
Un grupo de expertos de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de los riesgos de la exposición a los disruptores endocrinos
Latas y botellas. / Foto: Viperagp Latas y botellas. / Foto: Viperagp
Vivimos rodeados de sustancias químicas desconociendo los efectos adversos que pueden comportar para la salud de los seres vivos. Recientes evidencias científicas demuestran que los disruptores endocrinos que contienen muchos objetos de uso cotidiano pueden alterar el sistema hormonal, encargado de funciones vitales como el crecimiento, el desarrollo sexual o el sueño.

Científicos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han publicado un informe en el que alertan del aumento de la exposición humana a los disruptores endocrinos y de los riesgos que comporta para nuestro organismo, así como de la falta de investigaciones sobre el tema.

Los disruptores endocrinos están presentes en muchos productos domésticos e industriales, como pesticidas, plásticos, textiles, materiales de construcción, ingredientes activos en productos farmacéuticos, componentes electrónicos, productos de cuidado personal o cosméticos y alimentos, etc.

Se pueden encontrar en estos artículos mediante diferentes compuestos como los ftalatos –aditivos muy utilizados en plásticos, especialmente el PVC, para aumentar su flexibilidad, transparencia y longevidad– y el bisfenol A –utilizado para la producción de policarbonato (se halla en botellas de agua, cubiertas de invernaderos, lentes para gafas, CDs y DVDs) y resinas epoxi (revisten latas de comida y bebida)–. Entran en los organismos vivos a través de la ingestión de alimentos que los contienen, de agua o de polvo, por inhalación de gases o partículas del aire y por contacto con la piel.

La Fundación Vivo Sano, una organización de iniciativa privada y sin ánimo de lucro, ha puesto en marcha una campaña para conseguir la eliminación por ley del bisfenol A de los materiales de uso alimentario, que ya decretó Francia el año pasado.

Infertilidad y cáncer

"En la última década, la comprensión científica de la relación entre la exposición a los disruptores endocrinos y la salud ha avanzado rápidamente", afirman los científicos en el informe, en el que se especifican algunas de las enfermedades y trastornos asociados a dichas sustancias químicas.

En concreto, se considera que contribuyen a la infertilidad de las mujeres, a la baja calidad del semen de los jóvenes, al aumento de malformaciones genitales –como la criptorquidia (ausencia de uno o de ambos testículos) y el hipospadias (malformación de la uretra, con un orificio anormal)– y al incremento de cánceres relacionados con el sistema endocrino –como el de mama, el de ovario y endometrio, el de próstata, el testicular y el de tiroides–. Asimismo, los disruptores endocrinos se asocian a problemas de desarrollo del sistema nervioso, al déficit de atención e hiperactividad en los niños y a la obesidad y a la diabetes de tipo 2.

Tal y como destaca el estudio, hay paralelismos entre la creciente incidencia de trastornos en humanos y los observados en la fauna silvestre. "En Alaska, la exposición a los disruptores endocrinos puede estar contribuyendo a las alteraciones reproductivas, a la infertilidad y a las malformaciones de la cornamenta observadas en algunas poblaciones de venados", señala.

Sólo la punta del iceberg

Los datos que arroja el estudio del PNUMA y de la OMS, el más completo sobre el tema hasta el momento, son todavía insuficientes para conocer el alcance real de la exposición a los disruptores endocrinos, que podría ser mucho mayor. Es por ello, que los científicos solicitan que se indague todavía más en este campo.

"Necesitamos urgentemente más investigaciones para obtener un cuadro más completo de las repercusiones sanitarias y ambientales de los disruptores endocrinos", afirma Maria Neira, directora del Departamento de Protección del Medio Humano de la OMS, en una nota de prensa.

Por su parte, el profesor de la Universidad de Estocolmo y principal responsable del informe, Åke Bergman, sentencia: "A medida que la ciencia sigue avanzando, es hora de abordar la gestión de las sustancias químicas que perturban la función endocrina y de proseguir las investigaciones sobre la exposición a las mismas y los efectos que tienen en el ser humano y los animales salvajes".
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