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Medio ambiente
19 de abril de 2018
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Jueves, 13 de diciembre de 2012
Joaquim M. Pujals
Doha prorroga Kioto hasta 2020
La decimoctava cumbre del clima de la ONU se mostró incapaz de lograr progresos en la lucha contra el calentamiento global: tan sólo se logró prolongar la vigencia del Protocolo de 1997
Las consecuencias del cambio climático. / Foto: Kwest Las consecuencias del cambio climático. / Foto: Kwest

Una nueva oportunidad perdida. Y eso, según los expertos, le puede costar al planeta un aumento de temperatura media de al menos cuatro grados centígrados en 2100, con consecuencias ya irreversibles para muchas regiones del globo. Las recomendaciones de los científicos volvieron a caer en saco roto. Ni el deshielo del Ártico o Groenlandia, ni la subida del nivel del mar en los atolones del Pacífico, ni el creciente número y virulencia de sequías, huracanes o tifones como el Sandy que barrió Nueva York en octubre o el Bopha que azotó Filipinas hace unos días lograron evitar que la última cumbre contra el calentamiento enfriara de nuevo los ánimos de los defensores del medio ambiente.

En la reunión celebrada durante dos semanas por 194 gobiernos en Doha (Catar) –una ciudad nada ejemplar en materia de eficiencia energética–, de la que debía surgir un nuevo paso adelante en la lucha contra el cambio climático, tan sólo se logró el compromiso, in extremis, de prolongar ocho años más, hasta 2020, la vigencia del Protocolo de Kioto (Japón) de 1997, fecha con posterioridad a la cual no se ha conseguido ni un solo avance sustancial en el compromiso internacional de frenar el efecto invernadero.

Por lo menos, observan quienes ven el vaso medio lleno, se pudo eludir en el último instante (tras una noche extra de negociaciones tras la teórica jornada de clausura de la cumbre) que expiraran los compromisos de Kioto, lo que hubiera dejado al mundo sin acuerdo internacional vinculante alguno sobre la materia, limitando la reducción de emisiones a las posibles iniciativas voluntarias de cada gobierno nacional. Y de éstas no cabría esperar muchas.

Los participantes en la Cumbre sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas COP 18 (siglas en inglés que hacen referencia a que se trataba de la decimoctava conferencia, nada menos, de las partes implicadas) acordaron reemprender el año que viene las negociaciones sobre el tratamiento que recibirán las economías en desarrollo (en los ámbitos de la reducción de emisiones y fondos para financiarla) de cara a intentar lograr un nuevo acuerdo mundial que supere los avances de Kioto en 2015, el cual debería entrar en vigor en 2020.

Según los términos del compromiso, bautizado eufemísticamente como La puerta climática de Doha, la primera ronda de contactos tendrá lugar del 29 de abril al 2 de mayo de 2013 en Bonn (Alemania). La siguiente será posiblemente en septiembre de 2013 en un lugar por designar y habrá por lo menos dos más en 2014 y otras dos en 2015.

De nuevo los más grandes contaminadores mundiales de la atmósfera, Estados Unidos (que firmó pero nunca ratificó parlamentariamente Kioto), China, India (que como países en desarrollo estaban exonerados en el mismo de reducir sus emisiones), Rusia, Japón o Canadá, han rechazado sumarse a un nuevo pacto internacional que fuera significativamente más allá del protocolo de 1997. Estados Unidos se mantuvo inamovible en su objetivo de situar sus emisiones en 2020 un 17% por debajo de las de 1990. Y los países que se han comprometido a recortar un poco más sus emisiones durante el periodo de prórroga de Kioto, encabezados por la Unión Europea, Australia y Noruega, apenas generan el 15% del dióxido de carbono mundial.

Una vez más, Europa –pese a algunas diferencias internas, como la protagonizada por Polonia– ha liderado la lucha por la reducción de emisiones, comprometiéndose además a no comerciar con sus excedentes de las mismas (la diferencia entre las realizadas y las que le estan permitidas por el tratado). Pero la UE se queda prácticamente sola en este terreno, y el comercio internacional de derechos de emisión seguirá colmando hasta el menor resquicio de reducción de la polución más allá de lo estrictamente fijado en 1997. Este comercio fue una de las principales iniciativas surgidas de Kioto, y ha dado lugar a no pocos intentos fraudulentos de ocultación de la contaminación emitida por parte de numerosos estados y empresas.

Los países en desarrollo pidieron de nuevo en Doha más ayudas para controlar sus emisiones. En concreto, reclamaban un calendario detallado en el que los países industrializados plasmaran cómo iba a concretarse el incremento progresivo de fondos hasta alcanzar los 100.000 millones de dólares (76.600 millones de euros al cambio actual) en 2020 que fue acordado en 2009. Ese año se decidió destinar 10.000 millones de dólares (unos 7.650 miliones de euros) a estas ayudas para el periodo 2010-2012, pero todavía nada está previsto para los periodos siguientes. El acuerdo de Doha pide a los países desarrollados, aunque de manera no vinculante, que mantengan al menos un nivel similar de aportaciones entre 2013 y 2015 al del periodo inmediatamente anterior. Y eso es mucho pedir para unas economías en plena crisis.

Kioto obligaba a 35 países industrializados a reducir al menos un 5,2% de media sus emisiones respecto a las de 1990. A España le permitía contaminar hasta un 15% más que en 1990, pero esa cifra se ha visto superada con creces por la economía de nuestro país. Un problema para la verificación del respeto a los límites de emisiones es la diferente metodología para contabilizarlas que emplean unos países y otros, lo que ha impedido, por ejemplo, consensos en la contaminación generada por la aviación comercial y el transporte marítimo, que supone algo menos del 5% del CO2 que la actividad humana inyecta en la atmósfera.

"Algunos países desarrollados se han burlado de las negociaciones alejándose de sus compromisos anteriores y negándose a asumir otros nuevos", señala Samantha Smith, responsable de Cambio Climático de WWF, para quien "lo que la ciencia nos dice y lo que millones de personas han experimentado este año es que combatir el cambio climático es muy urgente. Cada año cuenta".

Las emisiones de CO2 a la atmósfera se incrementarán este año un 2,6% y duplican ya las de 1990, debido en su mayor parte al crecimiento meteórico de economías como la china o la india, exentas de limitaciones en el protocolo de 1997. Y los científicos no dejan de alertar sobre las consecuencias inmediatas que el calentamiento global está teniendo, y tendrá, para muchas regiones del planeta, que pueden resultar desertizadas, inundadas o golpeadas por fenómenos meteorológicos extremos de manera irreversible. Pero sus llamamientos se dan de bruces con los intereses económicos de los países, cuya perspectiva se limita especialmente al corto plazo en el actual periodo de crisis económica internacional. La siguiente fecha para la esperanza, 2015.

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