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Medio ambiente
23 de enero de 2018
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Viernes, 14 de septiembre de 2012
Eva Terol
Las fronteras de los productos 'eco'
Un estudio de la universidad norteamericana Stanford asegura que apenas hay diferencias nutricionales entre los alimentos orgánicos y los cultivados de forma convencional
Una mujer mira productos orgánicos en un supermercado. / Foto: Steve Debenport Una mujer mira productos orgánicos en un supermercado. / Foto: Steve Debenport

Los alimentos biológicos son sólo "algo más sanos", pero ni aportan más nutrientes ni suponen un menor riesgo para la salud que los tradicionales. Así lo asegura un controvertido metaanálisis (estudio de estudios) realizado por la Universidad de Stanford y publicado por la revista Annals of Internal Medicine.

La investigación, dirigida por Dena M. Bravata, reconoce que los alimentos cultivados de forma ecológica tienen una menor concentración de pesticidas, pero afirma que la diferencia de contenido en vitaminas, grasas y proteínas, con respecto a los convencionales, es muy leve.

El informe, que ataca de frente la creencia de que la comida biológica es superior, reúne una selección de 240 investigaciones previas, 17 realizadas en seres humanos y 223 de análisis de alimentos. Sus resultados muestran que ingerir productos orgánicos no es más sano que consumir los que proceden de la agroindustria.

Los expertos que han participado en él sostienen que aunque las frutas y verduras ecológicas contienen una menor cantidad de pesticidas, no están completamente libres de ellos. Otro hecho que causó sorpresa entre los autores es que, ni en el grupo de los orgánicos ni en el de los tradicionales, se descubrió algún factor peligroso para el organismo.

"Algunos creen que la comida orgánica es siempre más sana y nutritiva", ha dicho Crystal Smith-Spangler, profesora de Medicina de la Universidad de Stanford. "Estamos un poco sorprendidos al no haberlo confirmado", admite.

¿Planteamiento inconcluso y equivocado?

Los colectivos ecologistas han sido los primeros en cuestionar la validez del informe. "Seguro que si busco, encuentro cientos de artículos en revistas de igual peso que dicen lo contrario", declara al periódico El País Daniel López, corresponsable de agroecología de Ecologistas en Acción. "Hay muchos estudios que afirman que los productos ecológicos son más nutritivos. Los otros acumulan más agua, por lo que la concentración por unidad de peso y volumen de nutrientes es mayor".

Una de las debilidades del estudio, reconocida por sus propios autores, es que ninguna de las investigaciones previas medía el efecto sobre la salud más allá de dos años y algunas ni siquiera sobrepasaban los dos días.

Para algunos, el mayor error de la investigación es centrarse en los efectos de la agricultura orgánica sobre la salud individual sin considerar los beneficios que ésta aporta al conjunto del planeta.

Otros lamentan que el estudio ignore por completo cuestiones importantes en defensa de los alimentos orgánicos como son el sabor mismo de las frutas y verduras, el impacto positivo de la agricultura ecológica sobre el medio ambiente –y especialmente en el mantenimiento de las aguas subterráneas– o el bienestar de los animales criados en granjas ecológicas, para las que existen estrictas normas que regulan desde las dimensiones de los espacios a la prohibición del uso de antibióticos.

Algunas voces críticas también denuncian la ausencia de cualquier referencia al hecho de que los alimentos orgánicos no están genéticamente modificados o que la ganadería ecológica prohíbe las hormonas de crecimiento en animales.

La superioridad de lo bio

Al hilo de las investigaciones de la universidad californiana, el periódico alemán Die Welt cuestionaba hace unos días en un extenso artículo el mito de la superioridad de la alimentación biológica y se atrevía a desenmascarar algunas verdades poco conocidas y otras más controvertidas sobre todo lo que luce el sello ecológico.

Alemania es hoy el mayor mercado de productos orgánicos dentro de Europa. En el país existen 22.000 fincas ecológicas y el 95% de sus habitantes considera un deber proteger la naturaleza y el medio ambiente –y eso incluye la agricultura orgánica–. Es un hecho incontestable que el consumo de alimentos ecológicos está en auge. Entre el año 2000 y 2010 las ventas se triplicaron y se pasó de los dos millones de euros de facturación al año a los casi seis millones.

Sin embargo, a pesar del aumento de estas cifras, algunos expertos se muestran escépticos sobre el futuro de la agricultura orgánica, entre ellos el profesor Friedhelm Taube, de la Universidad de Kiel. Según Taube, las reglas de la agricultura orgánica no son siempre suficientemente específicas y en muchos casos, la distinción entre agricultura ecológica y convencional ya no es útil.

Vacas ecológicas y vacas felices

Un ejemplo ilustrativo de esta afirmación puede hallarse en el caso de mantequilla, uno de los productos básicos de la dieta alemana. Las normas sobre la cría de vacas lecheras orgánicas establecen que aunque el pasto es deseable, no es obligatorio. Muchas de ellas pasan buena parte del año en los establos, al igual que sus compañeras criadas en fincas no orgánicas.

La distribución de los ácidos grasos es el indicador que revela si las vacas fueron alimentadas con concentrados o con hierba fresca. Pero un estudio demuestra que, en el mercado alemán, la mantequilla orgánica y la convencional son casi indistinguibles, con excepción de una marca de mantequilla irlandesa.

Las vacas lecheras de la isla pasan todo el año en el campo, no sólo porque están acostumbradas a las inclemencias del tiempo, sino sobre todo porque los granjeros irlandeses no pueden permitirse el lujo de importar concentrados alimentarios. Los animales se crían de forma natural y este hecho se corresponde con las intenciones originales de la agricultura orgánica, pero sin embargo, la mantequilla irlandesa se comercializa como convencional.

El uso del cobre en la viticultura

Otro aspecto controvertido es el uso, por parte de la agricultura ecológica, de sustancias naturales, como por ejemplo, el cobre. Los pesticidas químicos sintéticos y los fertilizantes derivados del petróleo están estrictamente prohibidos en la viticultura ecológica. Esto se aplica también a los herbicidas. Sólo se permiten preparados de cobre, pero este mineral no se descompone en el suelo y puede acumularse de forma peligrosa.

Muchos viticultores recurren a él como un recurso natural para proteger sus viñas de posibles hongos y la elección de la variedad de uva es clave para que la empresa ecológica tenga éxito. Además, si las vides se cultivan en un clima adecuado, el uso de estos tratamientos potencialmente dañinos puede evitarse.

En algunas regiones de Argentina, la humedad es tan baja que los enólogos pueden relajarse y confiar en la agricultura orgánica, porque los hongos apenas suponen una amenaza para los cultivos. Incluso cuando sopla un viento fuerte de forma regular, el riesgo de incidencia de la enfermedad es significativamente bajo y es ahí donde la viticultura orgánica es una opción sin riesgos.

Manzanas de importación, pescado certificado y carne ecológica

Según Die Welt, las condiciones climáticas y las prácticas agrícolas, aunque no son siempre una información accesible a los consumidores, suelen ser más importantes a la hora de evaluar la sostenibilidad y la salubridad de los productos que la etiqueta que los califica como biológicos.

El periódico asegura que las manzanas orgánicas importadas, aunque tengan que recorrer largas distancias, pueden causar un impacto ambiental menor que las producidas localmente de forma no ecológica. Esto se debe a que esta fruta que promete salud, no sólo es tratada con fungicidas antes ser cosechada, sino después, con el objetivo de detener la maduración y prolongar su vida en el almacén.

Por otra parte, los peces que nadan libremente en mares y ríos no pueden considerarse pescado orgánico, subraya el artículo. Sólo los peces criados en granjas biológicas pueden comercializarse bajo esta etiqueta. La característica más llamativa de estas piscifactorías es la medida autorizada. Por ejemplo, en el cultivo de camarones orgánicos se permiten 80 gramos por metro cuadrado y en el del salmón y la trucha, 10 kilogramos por metro cúbico.

El texto apuesta claramente por la carne de cerdo ecológica. Un puerco orgánico, asegura la autora del artículo, tiene, sin duda, una vida mejor. Cuenta con más espacio, los lechones permanecen más tiempo con la gorrina y en la cuadra no hay escasez de paja. Si además tienen derecho a salir y correr, desarrollará músculos más fuertes y su carne tendrá un sabor diferente. Sin duda mucho mejor.

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