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Medio ambiente
17 de julio de 2018
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Martes, 03 de julio de 2012
Pau Ruiz
Los recortes calcinan España

Dice la sabiduría popular que más 'vale prevenir que curar'. La drástica reducción de recursos aplicados a la prevención en la Comunidad Valenciana está teniendo consecuencias devastadoras

Incendio forestal de Cortes de Pallás (Valencia). EFE/Manuel Bruque Incendio forestal de Cortes de Pallás (Valencia). EFE/Manuel Bruque
Los dos grandes fuegos provocados la semana pasada por sendas negligencias humanas, en Cortes de Pallás y Andilla, no sólo arrasaron 48.000 hectáreas de bosques, matorral y cultivos de una veintena de municipios, haciendo de este año 2012 el peor en la comunidad autónoma desde 1994 (cuando se quemaron 138.000 hectáreas y fallecieron 13 personas), sino que, lo que es peor, costaron la vida a un piloto de helicóptero que trabajaba en las tareas de extinción y heridas a otros dos, además de la pérdida de los dos aparatos que tripulaban.

En toda España, habría que remontarse hasta 1994 para encontrar incendios de la magnitud de los dos declarados en la Comunidad Valenciana. Ese año se registraron grandes incendios forestales en Villarluego (entre Teruel y Castellón), que calcinó 28.000 hectáreas; en Moratalla (Murcia-Albacete), con 25.579 hectáreas; en Millares (Valencia), 25.430; en Requena (Valencia), con otras 24.000; en Espadilla (Castellón), afectando a 19.309 hectáreas, y en Fontanars dels Aforins (Valencia), donde se quemaron otras 18.417 hectáreas.

El incendio forestal más grave ocurrido en España en cuanto a número de hectáreas quemadas en los últimos años se produjo en 2004 en las Minas de Riotinto, en la provincia de Huelva, donde ardieron 29.867 hectáreas de superficie forestal y murieron dos personas.

Hasta 2.000 personas y unos 40 aviones y helicópteros batallaron durante seis días contra las llamas originadas el jueves por dos operarios que soldaban unas placas solares en el caso de Cortes, y el viernes por una quema de restos agrícolas no autorizada en el de Andilla.

Según datos de los Bomberos valencianos, el primer siniestro cubrió de cenizas 28.643 hectáreas de superficie (5.000 de ellas arboladas), lo que lo convirtió en el más grave sufrido en España desde 1991, y el segundo otras 19.940 hectáreas (con 13.000 de ellas de bosque) tras extenderse por un frente de 25 quilómetros de ancho. Tras la extinción del fuego, los equipos siguieron trabajando para remojar el terreno y evitar con ello que algún rescoldo reavivara el incendio.

La organización ecologista Greenpeace considera que este desastre está directamente relacionado con el recorte en un 70% de los efectivos y medios técnicos destinados a la lucha contra los incendios forestales en la Comunidad Valenciana a raíz de la recesión económica. Por su parte, el WWF recuerda que Valencia es, después de Extremadura, la autonomía que menos planes de gestión forestal tiene. Solamente el dos por ciento de sus masas forestales cuentan con un instrumento de gestión, valor que sube al 13% en toda España.

La cifra de superficie afectada por incendios forestales en España se había ido reduciendo en una media de 20.000 hectáreas anuales durante los decenios 1992-2001 y 2002-2011, gracias en parte a unas condiciones meteorológicas favorables, pero también a una mayor concienciación de la sociedad y a la mayor eficacia judicial y policial en la persecución de los pirómanos (más del 95% de los incendios forestales son causados por la acción humana, intencionada o no).

Así, 2010 fue el año con menos superficie quemada en España en lo que llevamos de siglo, con 46.697 hectáreas, y el segundo en menor número de incendios, un ámbito en que todavía fue mejor 2007, cuando se registraron sólo 7.800 siniestros, una cifra que no se alcanzaba desde 1981. El ejercicio de 2009, en cambio, resultó especialmente trágico y supuso una inflexión en esta tendencia, al quemarse 119.891 hectáreas.

En lo que llevamos de año, el peor incendio antes de los de Valencia de la semana pasada había tenido lugar en Rasquera (Tarragona), donde ardieron en mayo 3.100 hectáreas.

Pero la supresión de medios dedicados a la prevención y lucha contra este problema, unida a unas temperaturas y cifras de humedad extremadamente peligrosas, podrían volver a colocarnos en el peor de los caminos.

Por otra parte, el desastre de la Comunidad Valenciana coincide en el tiempo con el juicio que se sigue en la Audiencia de Guadalajara por el incendio iniciado en 2005 en La Riba de Saelices, en el que fallecieron 11 miembros de los equipos de extinción y se quemaron más de 13.000 hectáreas. Los tres acusados se declararon inocentes y afirmaron que el fuego se inició en un campo de cereales a unos 40 metros de las barbacoas donde se encontraban preparando un almuerzo.

Pero los peritos del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil y de la administración de Castilla-La Mancha citados por la acusación coincidieron en culpar a las barbacoas encendidas por los acusados de provocar el siniestro. La fiscalía pide para cada uno de ellos dos años de prisión por un delito de imprudencia grave y una indemnización conjunta de 10,6 millones de euros.
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