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Medio ambiente
23 de enero de 2018
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Jueves, 26 de julio de 2012
Joaquim M. Pujals
La tribu más amenazada
El proyecto de ampliación de un tren minero supone un nuevo peligro para los últimos awás aislados del Brasil. Las enfermedades del mundo exterior podrían acabar con ellos
El proyecto Carajás de Brasil a principios de la década de los 80 / Foto: Peter Frey/Survival El proyecto Carajás de Brasil a principios de la década de los 80 / Foto: Peter Frey/Survival

Los awás están considerados el pueblo indígena más amenazado de la Tierra. Cualquier grupo de esta etnia nómada de cazadores y recolectores que habita en las selvas del noreste de Brasil puede ser aniquilado por un simple resfriado o gripe transmitidos por los intrusos que penetran en sus territorios ancestrales.

Y, desde hace décadas, los bosques tropicales donde han vivido durante milenios, entre los más ricos en biodiversidad del planeta, están siendo invadidos por madereros, ganaderos o colonos agrícolas. Ahora, un nuevo peligro acecha a esta tribu de la Amazonia.

La empresa brasileña Vale, propietaria de la mina de hierro más grande del mundo, la de Carajás, planea ampliar la línea férrea por la que transporta el mineral a la costa atlántica en trenes de mercancías de hasta dos quilómetros de longitud. Su objetivo ahora es hacer posible que los convoyes puedan circular simultáneamente en ambos sentidos.

La línea, inaugurada en 1980, y financiada por el Banco Mundial y la Unión Europea, bordea los territorios donde viven los últimos awás aislados, algunos de ellos sin contacto con el mundo exterior, y la construcción del trazado actual ya supuso la destrucción de amplios espacios de selva donde los indígenas obtenían su alimento.

La mina, cuya explotación también supuso la tala de inmensas áreas de selva, se halla a 600 quilómetros al oeste del territorio awá, y se calcula que almacena más de siete mil millones de toneladas de mineral de hierro de altísima calidad.

Cuando en los 80 se tendieron los 900 quilómetros actuales de la vía ferroviaria, las autoridades decidieron contactar e intentar convertir en sedentarios a muchos awás a través de cuyas tierras pasaba el tren. Las consecuencias fueron catastróficas. Contagiadas de la malaria y la gripe, de las 91 personas que conformaban una comunidad sedentarizada, solo 25 seguían con vida cuatro años después, según denuncia la organización Survival International, que apoya a los pueblos indígenas.

De completarse el nuevo proyecto, lo que la empresa espera que se logre en 2016, la línea férrea podría transportar anualmente 230 millones de toneladas de hierro, cien millones más que en la actualidad.

El pasado diciembre, trabajadores de Vale levantaron un campamento en la periferia del territorio awá, pese a que carecían de licencia para trabajar en la zona. Sin embargo, las autoridades brasileñas apoyan plenamente el plan de expansión de la línea de ferrocarril.

Los awás dependen totalmente del bosque para subsistir. "Cuando mis hijos tienen hambre, tan solo tengo que internarme en la selva y les encuentro comida", explica Pecarí Awá, miembro de esta comunidad. Los cazadores awás emplean largos arcos, de dos metros de longitud, para lanzar silenciosas flechas a sus presas, aves y monos que se refugian en las copas de los altos árboles tropicales.

Las costumbres de esta cultura, que considera tabús algunas especies animales, desdeña otras para la alimentación y establece que otras más sólo se pueden capturar en determinadas épocas del año, garantizan la supervivencia de la biodiversidad de la selva.

Pero esta selva está siendo destruida a un ritmo imparable. Ya se ha talado aproximadamente el 30% de una reserva awá protegida legalmente. Su territorio está desapareciendo a un ritmo mayor que el de cualquier otra zona indígena en Brasil. Y los últimos awás aislados están más expuestos que nunca a los peligros del mundo exterior.

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