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Medio ambiente
17 de julio de 2018
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Jueves, 26 de julio de 2012
Ramon Costa
El Alt Empordà llora sus pérdidas
Los equipos de extinción consideran prácticamente controlado el incendio iniciado el pasado domingo en el término municipal de La Jonquera (Girona), que ha calcinado cerca de 14.000 hectáreas
Vegetación quemada en la comarca del Alt Empordà / Foto: EP Vegetación quemada en la comarca del Alt Empordà / Foto: EP

Aquel mismo día se declaraba en Portbou, en la misma comarca, otro siniestro de menores proporciones pero de consecuencias mucho más trágicas, ya que costó la vida a cuatro personas.

Según el Departamento de Interior de la Generalitat de Catalunya, las hectáreas forestales y de cultivos arrasadas por el fuego son 13.963, dato provisional aportado por el Cuerpo de Agentes Rurales. Los responsables de la operación esperaban poder dar hoy mismo el incendio por extinguido.

Según los especialistas de la Generalitat, una colilla encendida lanzada desde un vehículo podría haber sido la causa del siniestro de La Jonquera, ya que el fuego se inició junto a un aparcamiento de camiones de esta transitada zona fronteriza con Francia donde se encontraron gran cantidad de cigarrillos tirados por desaprensivos.

Y la misma causa podría haber tenido el incendio de Portbou. Las colillas halladas serán examinadas para intentar encontrar restos de ADN que permitan identificar a los responsables de la catástrofe.

Las víctimas mortales del fuego fueron tres ciudadanos franceses y un español. Los primeros fueron un hombre de 64 años que sufrió quemaduras en el 80% de su cuerpo, atrapado por el incendio en su automóvil, y una niña de 15 años y su padre de unos 60, que se arrojaron desde un acantilado cuando el fuego les sorprendió mientras circulaban por la carretera de la costa y quedaron acorralados entre las llamas y el mar. El cuarto fallecido fue un hombre de 75 años que murió de un ataque cardíaco al ver como el fuego se aproximaba a su vivienda.

Además, una treintena de personas sufrieron heridas –seis de ellas seguían hoy hospitalizadas-–. Muchos de los lesionados lo fueron cuando trataron de descender por abruptos acantilados costeros huyendo del fuego que alcanzaba la carretera litoral en Portbou. Las llamas destruyeron también diversas casas de campo aisladas y mataron a gran cantidad de animales domésticos atrapados en ellas. Los agentes rurales iniciarán de inmediato las tareas de evaluación definitiva de los daños.

En los momentos de mayor virulencia, el fuego obligo a cortar la autopista AP-7, que enlaza Barcelona con Francia, la más transitada del país en estas fechas, media docena de carreteras locales y la línea férrea entre Barcelona, Figueres y Francia. Buena parte de los 138.000 habitantes permanentes de la comarca y de los numerosos turistas que pasaban en ella sus vacaciones tuvieron que confinarse en sus domicilios por razones de seguridad. Muchos de ellos, residentes en casas de campo aisladas, tuvieron que pasar las noches en los pabellones polideportivos de poblaciones cercanas.

La extensión de las llamas se vio favorecida por el fuerte viento de tramontana registrado en la zona a principios de semana y por la baja humedad relativa –que se fue incrementando a lo largo de la misma, contribuyendo a frenar el incendio–. Ambos factores se sumaron a la extrema sequedad de la vegetación provocada por varios meses sin lluvias en la comarca.

En las tareas de extinción de los peores incendios registrados en el Alt Empordà desde 1986 –cuando se quemaron otras 20.000 hectáreas– llegaron a participar 1.400 efectivos profesionales –entre bomberos, agentes forestales y militares– y voluntarios. Las autoridades francesas colaboraron en la extinción aportando efectivos humanos y medios materiales, terrestres y aéreos.

Medio millar de personas siguen hoy en la zona, estabilizando el perímetro ya controlado del fuego y tratando de asegurar mediante el remojado del interior de la zona quemada, que no subsistan rescoldos que puedan reavivarlo.

Por su parte, el Cabildo (gobierno insular) de Tenerife informó de que el incendio que afectó desde la semana pasada al sur de la isla arrasó 6.500 hectáreas de terreno, de las que unas 1.000 eran de pinar, lo que supone un dos por ciento del total de pinares tinerfeños. Las pérdidas económicas han sido evaluadas en 1,8 millones de euros.

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